¡Viva el graduado!

El ciclo escolar ha llegado a su fin en el régimen Sierra-Amazonía y con él los nuevos bachilleres de la República, después de varios años de estudio culminan una etapa más de su vida estudiantil, y no queda más que desearles éxitos en su vida universitaria y profesional siendo artesanos de una nueva humanidad y que con su profesión ayuden en la construcción de una mejor sociedad, una más justa y equitativa.

Las ceremonias de graduación en cada establecimiento educativo resumen elementos de alegría, de satisfacción personal y familiar por cumplir un objetivo dentro de su proceso de vida; también, es de expectativa, de mirar el horizonte abierto para con autonomía, libertad, responsabilidad y criterio empezar a desenvolverse socialmente e iniciar un proceso de formación profesional que les conduzca a ser personas de bien.

Sí, personas de bien es lo que necesita la sociedad, pues, actualmente enfrentamos una crisis profunda de valores desde el orden político, administrativo, de liderazgo, de esperanza y de una negativa por parte del estatuto quo y de los poderes constituidos a renovarnos e innovarnos para la soñada transformación de la sociedad que nace de la justicia, de la solidaridad y de la paz.

Insisto, personas de bien, no tanto del almacenamiento de conocimientos expresados en títulos profesionales o en especializaciones que cada vez son más variadas y ofertadas desde distintos espacios. No digo que no son necesarios, son bienvenidos, porque el conocimiento es la fuerza, es la energía, es el poder que ayuda a consolidar bases científicas y técnicas, que por historia y de forma progresiva han buscado el desarrollo y evolución de los modelos de vida.

El bagaje de conocimientos, a parte, de estar en las aulas, hoy está en la internet, en las redes sociales y es infinito, corresponde a estudiantes, docentes procesarlo, analizarlo, verificarlo, contrastarlo y construir un conocimiento cercano y que responda a las inquietudes de la persona, del país y del mundo.

Los nuevos bachilleres van en busca de un espacio de acceso a la universidad y de reconocimiento social, van también en busca ya de un empleo digno que les permita mejorar su calidad de vida, van en busca de seguridad, de paz; llevan sueños acumulados que necesitan cristalizarlos y, para ello, todos debemos estar abiertos a estas nuevas oportunidades y diversidades de pensamiento y criterio que enriquecen la construcción social, económica y ambiental de sus ciudades y de su país.

Los nuevos bachilleres en el próximo lustro, o tal vez antes, se enfrentarán al ámbito laboral y formarán una familia. Son jóvenes que en su paso por la vida tendrán que luchar en esta sociedad líquida, relativa y cambiante para transformarla en segura, con valores trascendentes y perdurables en el tiempo, solamente así podremos decir que lo sembrado en las aulas tuvo sus frutos.

Las esperanzas de los nuevos bachilleres están en sus sueños, en su vocación, pero deben estar conscientes que su proceso de vida debe primero pasar por el andarivel de consolidar sus conocimientos y reforzar sus habilidades de forma práctica a los que se suman sus valores humanos y éticos.

Mi palabra de aliento, como docente mi cercanía a los sueños de los jóvenes, con el corazón y con mis pensamientos les digo: ¡Felicidades! Sigan sus sueños, teniendo presente siempre el servicio a los demás, el resto será por añadidura.