David Santiago Maldonado Peralta
La historia de una ciudad se transforma cuando sus habitantes recuperan la esperanza. Y eso, precisamente, es lo que está ocurriendo en Loja. La transición en la Alcaldía, con la designación oficial de Diana Guayanay como nueva primera autoridad municipal, no solo representa el cumplimiento del debido proceso democrático, sino también el inicio de una etapa que puede —y debe— ser distinta.
A la flamante alcaldesa, mis felicitaciones sinceras. No por el solo hecho de asumir el cargo, sino por la actitud con la que ha iniciado este proceso: con madurez, prudencia y un claro enfoque en lo que realmente importa. Su hoja de ruta es sensata: agua potable, vialidad, manejo de residuos y fortalecimiento institucional. Son prioridades reales, sin adornos, que reflejan una lectura cercana de lo que la ciudad viene pidiendo desde hace tiempo.
Y es que Loja está llena de ciudadanos listos para sumar. Profesionales, técnicos, líderes barriales, gestores culturales, emprendedores… personas que no aspiran a un cargo, sino a construir una ciudad más digna.
Este puede ser el momento ideal para abrir las puertas, sumar talentos y dejar que nuevas ideas oxigenen la gestión pública. Loja cuenta con un capital humano valioso: profesionales jóvenes, técnicos preparados, líderes comunitarios, emprendedores y ciudadanos comprometidos que, muchas veces, han estado dispuestos a aportar sin pedir nada a cambio.
Este nuevo ciclo puede ser una oportunidad para abrir las ventanas y dejar que entren nuevas voces, más allá de las lógicas tradicionales. Ojalá la nueva administración tenga la capacidad de convocar sin exclusiones, de escuchar sin filtros, de trabajar con todos los que quieran bien a Loja, sin importar de dónde vienen, sino hacia dónde quieren ir.
Y sí, este cambio también es una especie de alivio. Porque Loja merece una gestión presente, sensible y comprometida. Atrás queda una etapa que, con el tiempo, será evaluada por sus silencios, sus omisiones y por una desconexión evidente con la ciudadanía. Sin rencor, pero con memoria, es justo reconocer que había que cerrar ese capítulo… y comenzar otro.
Hoy, la ciudad respira distinto. Y eso, en tiempos como estos, ya es una gran noticia.
