Campos Ortega Romero
Con respeto y consideración, confieso ante usted querida y querido lector, al escribir este artículo en torno a Nelson Mandela, mas vale tarde que nunca, señalamos así, por cuanto cada 18 de julio de cada año se celebra el Día Internacional de Nelson Mandela, para conmemorar la fecha de natalicio del gran líder por su contribución a la lucha por la democracia a nivel internacional y a la promoción de una cultura de paz en todo el mundo.
Nelson Mandela (1918-2013) fue un activista y político sudafricano que pasó 27 años en la cárcel por defender los derechos de los negros en su país. Durante décadas, blancos y negros estuvieron separados en Sudáfrica: había transporte público, escuelas, hospitales, parques y playas solo para blancos, mientras que los negros tenían acceso a menos servicios y de peor calidad. Este sistema desigual era conocido como apartheid.
Pero que es el apartheid, El apartheid fue un sistema de segregación racial y discriminación institucionalizada que existió en Sudáfrica desde 1948 hasta 1994. La palabra «apartheid» significa ‘‘separación’’ en afrikáans y se refiere a la política oficial de separar a las personas por raza, con población blanca minoritaria, controlando la política y economía, mientras que a la población negra se le negaban derechos básicos y se la sometía a condiciones de vida desiguales.
Sus inagotables batallas le valieron 27 años de cárcel y el título de “Padre de la Nación” sudafricana. «A lo largo de mi vida me he dedicado a esta lucha por el pueblo africano. He peleado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. He atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática donde todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Esto es un ideal que espero vivir y alcanzar. Pero si se necesita, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir, repitió con convicción. Pasó de su tribu a la cárcel. De las rejas a la libertad. Y desde allí a la presidencia de Sudáfrica como primer presidente negro elegido por sufragio universal en su país. Su noble sonrisa lo acompañó siempre y dejó una huella para la humanidad.
En Sudáfrica Nelson Mandela fue uno de los líderes principales de la resistencia a esa situación de opresión e injusticia. Predicó la desobediencia pública y participó activamente en las movilizaciones contra el Apartheid. La represión estatal se intensificó y sus acciones cobraron numerosas víctimas. En el año 1964 Mandela fue condenado a prisión por cargo de “traición”. Pasaría veintisiete años en la cárcel. Y aquí lo más conmovedor y profundo de esa vida: lejos de quebrarse por la dureza del cautiverio, se sobrepuso a él y extrajo del fondo mismo de su conciencia moral la fuerza suficiente para superar agravios y robustecer los principios de justicia e igualdad que le animaron desde joven. Luchó así por la igualdad de derechos y de oportunidades entre blancos y negros. Anhelaba un país que no sufriera fracturas sociales y espirituales por motivos de discriminación señalando una y otra vez la necesidad de lograr la abolición de las leyes racistas y la instalación de un régimen libre recurriendo a métodos pacíficos.
Liberado en febrero de 1990, tres años más tarde recibiría el Premio Nobel de la Paz. En abril de 1994 –ya bajo una nueva Constitución que aprobó el sufragio universal– los sudafricanos lo eligieron como presidente de gobierno en reconocimiento a sus virtudes políticas y a su coherencia en la defensa de los derechos de todos sus compatriotas. En el ejercicio del poder, Mandela puso de manifiesto generosidad personal y estricta vocación por el diálogo con las diferentes fuerzas partidarias presentes en su país. Estuvo dispuesto a concertar con antiguos adversarios políticos, con el fin de superar el tiempo de violencia que había desangrado Sudáfrica por décadas y se propuso sentar las bases de una república plural, observante del principio filosófico del Ubuntu: la construcción moral del yo a través de la conexión dentro de un amplio nosotros. Justamente en esta línea de acción y de reflexión su gobierno dio vida a la Comisión para la Verdad y la Reconciliación que presidió el arzobispo anglicano Desmond Tutu, Premio Nobel de la Paz de 1984. Mandela es un ejemplo de compromiso inquebrantable con la paz y sus exigencias morales y políticas. Así sea.
