Santiago Armijos Valdivieso
¡Qué dolorosa situación que atraviesa la ciudad de Loja! Digo esto, porque si en el siglo XXI, una ciudad no cuenta completamente con el más básico de los servicios, como es el agua potable; no tiene caminos decentes de acceso que la comuniquen con el país y el mundo y, no cuenta con una planificación de crecimiento adecuada, estamos frente a una situación alarmante.
¿Por qué hemos llegado a esta situación? ¿Qué hicimos mal para merecer esto? ¿Quiénes son los responsables y corresponsables de esta calamitosa situación?
Para responder estas preguntas, vale serenarnos y, dejando a un lado el apasionamiento y la calentura, debemos reflexionar y, sin quitar el cuerpo, tratar de entender la raíz del problema. Por supuesto, nadie tiene la última palabra, ni es dueño de la razón, pero intentémoslo.
Sin duda, llegamos a esta situación porque, en forma reiterada, hemos elegido autoridades municipales deficientes, las cuales, a más de su incapacidad, no han logrado consolidar equipos adecuados de trabajo, privilegiando únicamente el clientelismo politiquero. Siempre debemos tener presente que una gestión institucional podrá alcanzar el éxito, en la medida en que cuente con un buen equipo multidisciplinario de trabajo para ejecutar responsablemente lo planificado, y no solamente por lo que pueda hacer la primera autoridad.
Por otro lado, hay que decirlo, fuerte y claro, llegamos a estos problemas por la desidia y quemeimportismo de los lojanos más preparados y capaces, quienes, aferrándose a sus torres de marfil y al confort del individualismo, se han negado a participar en la política local, dándole la espalda a Loja. Con ello, no solo que han incumplido con un deber cívico, sino que han permitido que la papeleta electoral esté plagada de candidatos incapaces, cuya motivación de participación, lejos del servicio público, se asienta en la audacia, la improvisación, la vanidad y la mezquindad, lo cual se refleja en los pésimos resultados de gestión, sí a eso se puede llamar gestión.
Otro decisivo motivo que nos ha conducido a lo que nos aqueja ha sido la degradación de la política hasta límites inimaginables, en los que el debate de ideas y el planteamiento de soluciones inteligentes a las necesidades ciudadanas, como debería ser la verdadera política, concebida como el arte de gobernar y servir, se ha reducido a un estridente intercambio de insultos, disparates, calumnias y mediocres aparecimientos en las redes sociales.
A esto se suma el lamentable momento que vive la sociedad actual, como fruto de un continuo deterioro moral y ético, plagada de falsos valores, pozos de envidia y la ley del menor esfuerzo, cuyas consecuencias han atrofiado la brújula y la batuta de la democracia, incitando a elegir mañosamente a dignatarios públicos sin méritos ni capacidad para el complejo reto de servir a la comunidad.
Finalmente, otra causa esencial ha sido esa suerte de amnesia recurrente y peligrosa de la ciudadanía para olvidar, una y otra vez, las negligencias, necedades y mediocridad de los politiqueros de siempre, cuya impronta, en la mayoría de los casos, está manchada de irresponsabilidad e incapacidad.
Frente a ello, resta enmendar las cosas con una sincera y juiciosa mea culpa ciudadana que impulse a que cada ciudadano se convierta en un activo garante de la democracia, mediante una constante y activa participación en los debates de los problemas de la ciudad y provincia, dejando a un lado, cualquier tipo de sectarismo o interés individualista.
También nos queda como tarea afinar nuestros sentidos cívicos para evitar caer en nuevos engaños populistas promovidos por las empresas electoreras, expertas en proyectar y disfrazar la incapacidad y pequeñez de espíritu de pésimos candidatos.
A más de lo indicado, qué bueno sería que los aspirantes a la alcaldía empiecen a armar y presentar, lo más pronto posible, los integrantes más importantes del equipo de trabajo que los acompañaría en la gestión, en caso de ser elegidos. Esa sería una mínima muestra de seriedad de cualquier candidatura que aspire a diferenciarse con el pasado.
Loja ha vivido épocas difíciles y siempre ha sabido vencer la tempestad cuando sus hijos se unen y se concentran en empujar las ruedas de la lojanidad y el progreso.
Que así sea pronto y que este oscuro momento sea superado. Nunca olvidemos que somos hijos de una tierra hermosa, altiva, digna y de brazos abiertos al recto vivir, a la libertad y a la democracia.
