César Eduardo BRICEÑO TOLEDO
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Ecuador, tiene 22 Constituciones, que oscilaron entre diferentes orientaciones ideológicas; 11 asambleas constituyentes y 14 plebiscitos; sin que, ninguno, haya satisfecho a los apetitos voraces del poder, a quienes, habitaron los aposentos de Carondelet; entre los cuales, muchos de ellos, fueron defenestrados por hechos censurables. ¿Acaso, las aprovechamos para salir del subdesarrollo?, ¡claro que no! más prevaleció la demagogia politiquera.
Estamos ad portas, de otra consulta popular, para enmendar o reformar a la constitución vigente; aunque durante la campaña electoral, el mandatario propuso llevar a cabo una Asamblea Constituyente; para terminar con la constitución del 2008, elaborada por la novelería política de ese entonces, pero que, se la violó sistemáticamente desde el primer mes de su promulgación, porque resultó ser una camisa de fuerza, para sus protervos propósitos.
¿Cuándo tendremos un mandatario, que se despoje de la vanidad del poder?, siempre pensando que la Constitución debe ser un traje a la medida a sus ambiciones personales y del grupo al que representa. Deben entender que el poder es efímero, y que después del periodo presidencial, deberá someterse al juicio de la vindicta pública, para que responda por los aciertos y desaciertos de su régimen; por esa razón, debería existir la prohibición legal de no abandonar el país, por lo menos después de dos años.
De las 7 preguntas tramitadas ante la Corte Constitucional, 2 son de referéndum: sobre las bases en nuestro país de militares extrajeras y el financiamiento partidista y costes de promoción electoral. Los 5 restantes, el ejecutivo, plantea como enmiendas, que discrepa con la Corte Constitucional, porque considera que algunas son reformas. Durante el gobierno de Lasso, ya se negaron dos preguntas, como reducir el número de legisladores y eliminación del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Nuestra pequeña población, no requiere que se continúen incrementando el número de legisladores. Lo que debe mejorar, es la representación parlamentaria; con las consiguientes reformas políticas al Código de la Democracia. Hay preguntas polémicas sobre la eliminación del CPCCS, que desnaturalizó su misión, para convertirse en vulgar instrumento de persecución de la oposición. El enjuiciamiento político de la Corte Constitucional, que no se ajusta a la motivación establecida en la constitución, sino más bien, sujeta a la posible vocinglería de una mayoría afecta al jefe de Estado, de turno. Respecto al trabajo por horas en el sector del turismo, tiene sus bemoles de precarización, establecido en la Carta Magna; que también se le negó la propuesta en 2024 al mandatario.
La propuesta tiene un sabor agridulce, porque no se topan otras funciones importantes, como la judicatura, o blindar a la Fiscalía, que fue negada en el gobierno de Lasso. Aprendimos a coexistir con parches constitucionales, antes que, abordar los cruciales problemas, como el gravísimo problema del IESS, cuya deuda del Estado, es más de 27 mil millones de dólares; además, de las acuciantes dificultades de salud, educación, empleo, seguridad y cambios de las matrices energética y productiva del país.
