
Durante ocho días consecutivos, priostes especialmente del Azuay, pero también de Loja, rindieron homenaje a la Virgen del Cisne en las tradicionales Noches del Peregrino, una manifestación que combina alegría, cultura y fe. Cada jornada estuvo marcada por la quema de castillos, fuegos pirotécnicos, comparsas, bandas de pueblo, danzas, vestimenta representativa y, sobre todo, la devoción a la “Churona”.
Fiesta
Cada año, septiembre se enciende en Loja con las celebraciones por la natividad de la Virgen María, que coinciden con la presencia de la imagen de la Virgen del Cisne en la Catedral, a donde arribó el pasado 20 de agosto. Desde el primero de septiembre, los priostes provenientes del Azuay comenzaron a llegar a Loja, trayendo consigo la alegría, fe y la tradición heredada de sus antepasados.
El grupo del 1 y 2 de septiembre estuvo encabezado por Julio Yuquilima, quien por más de 40 años formó parte del grupo de priostes del 4 y 5 de septiembre, pero en 2008 decidió conformar su propio grupo, acompañado por apenas seis personas. Con gran esfuerzo, en la primera noche realizaron la quema de cuatro castillos.
En la segunda jornada, la prioste principal fue Rosa Yuquilima, quien destacó que en su familia la tradición supera el siglo de historia. Como pirotécnicos de oficio, donaron un castillo elaborado por su hijo Juan Guillermo, encargado de diseñar y armar la estructura. Él relató que este trabajo es complejo, pues requiere la colaboración de toda su familia en la pintura y figuras, utilizando alrededor de nueve kilos de sustancia química.
El 3 de septiembre, la fiesta fue asumida por priostes de Azuay y Loja, quienes además de mostrar su devoción, realizan obra social. Ellos estuvieron a cargo de la quema de dos castillos de estructura metálica. Entre las priostes destaca Teresa Vivanco, quien hace 13 años decidió integrarse a este grupo. Para evitar inconvenientes con el ingreso de pirotecnia a los albergues, optaron por contratar los servicios de Deisy Ortega, quien posteriormente también se convirtió en prioste.
El 4 de septiembre, un grupo conformado por cuatro priostes principales y alrededor de 35 colaboradores organizó la fiesta. Ana Guillermo, una de las priostes, destacó que, aunque esta labor es complicada, resulta gratificante porque les permite agradecer a la Virgen por los favores recibidos. Añadió que cada año más personas desean integrarse, pues muchos le atribuyen milagros a la intercesión de la Virgen.
El 5 de septiembre, el grupo liderado por Luis Pacho asumió la responsabilidad de priostes, realizando la quema de tres castillos. Para sostener económicamente la celebración, organizan actividades durante todo el año, por ejemplo, para noviembre ya tienen previsto desarrollar un bingo que les permitirá reunir fondos para la fiesta del 2026.
El 6 de septiembre, la prioste principal fue Dolores Vargas, apoyada por sus hijos y familiares, logrando la quema de dos castillos. El 7 de septiembre, el turno correspondió a un amplio grupo encabezado por Francisco Vega, quien ha mantenido esta tradición durante 45 años, heredada de su padre. Ese día, encendieron cinco castillos.
Finalmente, el 8 de septiembre, los priostes liderados por Esteban Alvarado cerraron con broche de oro. A su grupo se sumaron otros priostes, migrantes y colaboradores, logrando la quema de diez castillos.
Durante las ocho noches armaron 27 castillos elaborados en carrizo, madera y metal, cuyas estructuras representaron figuras, frases, animales y símbolos religiosos. Cada uno despertó la atención del público, que seguía con expectativa el momento del encendido. Al concluir, el cielo lojano se iluminaba con un espectáculo de luces que provocaba aplausos y emoción, mientras los asistentes aprovechaban para capturar con sus celulares sus mejores recuerdos de esta manifestación de fe.
Además de los castillos, al ritmo de las bandas de pueblo cada noche encendieron las tradicionales figuras como la vaca loca, curiquingues, toro loco, cabra loca, pavo loco y cuy loco, que hacen referencia a los oficios de las familias de los priostes. La celebración también incluyó comparsas, danzas y la presencia de personajes de la cosmovisión andina como el diablo huma, símbolo de la dualidad, y las floreras, quienes con sus coloridas polleras bordadas llenaron de alegría la fiesta.
Despedida
El último grupo de priostes se despidió el 9 de septiembre con una eucaristía solemne a las 10h00 en la iglesia Catedral, acompañada de danzas y un compartir general. Todos coincidieron en que esta tradición es un testimonio vivo de fe que esperan mantener y transmitir a las nuevas generaciones, como agradecimiento eterno a la Virgen del Cisne por los favores recibidos.
