Daniela Silva Ulloa
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En la actualidad, cada vez son más los niños que acuden a las escuelas o a centros educativos con poca tolerancia a la frustración, sin habilidades sociales, con dificultades para manejar sus emociones y, en muchos casos, con síntomas de depresión y ansiedad. Sobre todo, muestran una limitada capacidad para resolver los problemas del día a día.
Esto se debe a varios factores, y uno de ellos es la sobreprotección que ejercen los padres en el proceso de crianza. Muchas veces se malinterpretan los mensajes que provienen de las redes sociales, el internet y la literatura, dejando a los hijos sin límites, normas ni experiencias dolorosas. Vivimos en la era de la “eterna felicidad”, donde con solo pulsar un botón podemos obtener lo que nos hace sentir bien, generando dopamina rápida y artificial.
El cerebro está diseñado para madurar durante toda la infancia y, por lo general, hasta los 25 años. Para que este desarrollo ocurra, es necesario experimentar diversas emociones, pues ellas envían mensajes al cerebro de seguridad, gozo o alerta. Estas emociones son fundamentales para crecer y convertirnos en seres humanos funcionales y preparados para la vida. Negar este proceso impide que los niños crezcan seguros y con habilidades emocionales y sociales. Muchas veces se cree que ser inteligente se reduce a saber leer, escribir, sumar, restar o memorizar, olvidando que en la vida es indispensable aprender a convivir y a resolver problemas.
Debemos preparar a los niños y niñas en el manejo de sus emociones. Para ello, deben sentirlas, validarlas y procesarlas, de manera que puedan actuar de forma adecuada ante la frustración y el estrés. Este proceso comienza desde que son bebés: poco a poco se establecen límites y los padres van formando el carácter de sus hijos. Para lograrlo, los adultos deben ser conscientes de cómo manejan sus propias emociones, pues el secreto está en un adulto regulado que sepa validar las emociones de sus hijos. No se trata de consentir, sino de permitir sentir para procesar, de modo que en el futuro el niño pueda desenvolverse ante las experiencias de la vida.
Es importante comprender que cada etapa del desarrollo tiene un proceso que debe ser respetado. Evitar las emociones no permite crecer seguros; negar el dolor no ayuda a los hijos. Si como padres no sabemos cómo actuar, buscar asesoría profesional nos permitirá criar a nuestros hijos con bases sólidas para un futuro saludable y equilibrado.
