Por: Ing. Oswaldo Vicente Román Calero
Exalcalde de Celica, activista político y ciudadano lojano
A veces la memoria no alcanza a sostener la profundidad de los problemas que enfrentamos. La crisis ambiental es uno de ellos. El fuego, recurrente y devastador, se ha convertido en un fantasma que nos ronda cada año. Por eso es urgente hablar, contrastar y actuar antes de que el daño sea irreversible.
Como lojano, profesional de la ingeniería civil y ciudadano comprometido, escribo desde la urgencia de dar testimonio de lo que vivimos. En las últimas temporadas, hemos visto arder los sueños de cientos de familias que, con esfuerzo, intentaban alcanzar su autonomía alimentaria y económica. Cada incendio no solo quema vegetación: arrasa con la esperanza, con los huertos, con la vida misma de quienes habitan la tierra.
El dolor del pueblo
Es desgarrador observar cómo se desmoronan las expectativas de quienes apostaron por el trabajo agrícola, la permacultura o el turismo rural. El fuego, muchas veces provocado por negligencia o desconocimiento, borra en minutos el esfuerzo de años. Las madres lloran la pérdida de su sustento; los padres enfrentan el humo tratando de rescatar algo; los ecosistemas colapsan. No son simples llamas, son procesos ecológicos que se extinguen junto con nuestra identidad territorial.
Lo que muestran las cifras
Según la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos, entre agosto y noviembre de 2024 se perdieron más de 25.000 hectáreas de cobertura vegetal en Loja. Primicias reportó que la provincia acumuló el 42% de toda la vegetación quemada del país ese año. A nivel histórico, Bosques Latitud Cero registró más de 2.400 incendios entre 2011 y 2020 en el cantón Loja, con más de 51.000 hectáreas afectadas.
Estos datos evidencian una tendencia alarmante. Si bien la UTPL ha desarrollado herramientas predictivas para anticipar zonas de riesgo, de nada servirán si no se traducen en acción: prevención, monitoreo, restauración y educación ambiental.
Responsabilidad pública y ciudadana
Es urgente reconocer la corresponsabilidad. Las instituciones deben coordinar de manera efectiva prefectura, municipios, bomberos y comunidades. Pero también debemos asumir nuestra cuota de responsabilidad individual: no quemar rastrojos sin control, cuidar las fuentes de agua, denunciar y organizar brigadas locales.
Propuestas desde la lojanidad
1.Brigadas comunitarias equipadas y capacitadas.
2.Educación ambiental continua en escuelas y comunidades.
3.Sistemas tecnológicos de alerta temprana.
4.Reforestación con especies nativas y manejo de microcuencas.
5.Ordenanzas con recursos y sanciones reales.
6.Reconocimiento de la Pachamama como sujeto de derechos.
Una certeza
La esperanza no se decreta: se construye colectivamente. Loja puede levantarse de sus cenizas si abraza la conciencia ecológica, la organización y la voluntad común de proteger la vida.
