La realidad de la gobernabilidad virtual y de la inteligencia corpóreo-natural

Galo Guerrero-Jiménez

La realidad de nuestro yo personal tiene que acoplarse a la realidad virtual que hoy nos gobierna desde las pantallas digitalizadas, y la mejor forma de seguir conservando la identidad de nuestra realidad personal, tanto en el orden social, cultural, psicológico, educativo, cognitivo y lingüístico, será siempre que tengamos toda la voluntad y la libertad democrática para vivir en estado de serenidad y de alerta pensante, y eso será factible si cada ciudadano le dedica un tiempo prudencial a la tecnología virtual y digitalizada que, hoy con el apogeo de la inteligencia artificial, estamos expuestos a que nos gobierne la tiranía de estas herramientas electronales, las cuales nos pueden absorber con toda facilidad, gobernando la mente para que no actúe nuestra inteligencia natural, sino para que se apostille la gobernabilidad virtual que, es la que abaliza nuestro actuar humano, como si fuese esa la realidad adecuada y la más pertinente para movilizarnos con credibilidad en esta era de la virtualización y de la intoxicación digital.

Pues, una forma de contrarrestar la influencia del paradigma de la tecnología electronal con la finalidad de que no nos arrebate nuestros sentimientos y nuestras emociones para seguir valorando nuestros paradigmas culturales, es tomando conciencia de los paradigmas digitales y virtualizados que nos proponen “ideas que damos por ciertas sin cuestionarlas y que terminan gobernando nuestras decisiones sin que nos demos cuenta” (Rigail Cedeño, 2025).

Por eso, la recomendación no radica en salirnos de esta realidad virtual, porque, bien asumida, por supuesto que es factible encontrar información, la cual vaya canalizada a nuestra formación personal y colectiva, pensando en qué y para qué nos sirve, por ejemplo, en las redes sociales o en alguna plataforma que si es de mi interés en cuanto estoy consciente de que me aproximo a un conjunto de ideas, de conocimiento y de un lenguaje debidamente procesado para mis intereses de formación democrática, pensando en que, como señala Alberto Rigail Cedeño:

“La libertad que necesitamos ahora es mental y estratégica. Desafiar lo que creemos inamovible, liderar nuevos caminos, innovar y asumir la responsabilidad de nuestro destino colectivo [y personal] (…) y crear culturas que premien la creatividad, el aprendizaje y la adaptabilidad. Significa formar personas capaces de cuestionar, de aprendizaje rápido [pero no acelerado] y de asumir la responsabilidad de transformar realidades. En un mundo tan cambiante, el verdadero poder no está en proteger privilegios sino en desarrollar la capacidad de adaptarse, innovar y crear valor sostenido” (2025) a través de un lenguaje dinámico y auténtico con la realidad.

El ser humano es fundamentalmente cuerpo y presencia, como señala Miguel Molina Díaz: “Somos cuerpos. Y en cuanto cuerpos, somos experiencias, lenguajes, historias tristes o felices, placer físico, emoción. La forma más sabia de enfrentar al mundo es regresar al cuerpo que tenemos, [al cuerpo de un libro en físico, por ejemplo] con sus cicatrices, su realidad y su memoria. Si el capital cosifica al cuerpo, el afecto lo redime. La conciencia del cuerpo y de los afectos es una experiencia política y, por tanto, de resistencia. Algo de verdadero amor, quizá, hay en estas posibilidades” (2025) de lenguaje y de expresión corporal para el amor a la vida.

Esta presencia corporal, pensante, actuante desde la emoción y el conocimiento natural, es muy diferente a la del cuerpo virtual, que no se emociona, que no siente ni ama, tal como el cuerpo humano sí lo hace; y cuando mejor acude a la palabra de un texto literario, más se robustece de esa experiencia que la palabra escrita contiene como signo de esperanza redentor del lenguaje que nos proyecta a la espera de un posible acercamiento horizontal de lo presente y actuante desde un gesto significativo, redentor, contemplativo, de un lenguaje vivificador y axiológico.