Aitana Piedra Soto
Durante las clases de historia, cuando estamos en el colegio, nos cuentan sobre la importancia de las culturas precolombinas de la costa como Valdivia y Chorrera, de la sierra norte como Pasto o Karanki, de la Amazonía como Quijos o Cosanga Píllaro; sin embargo, al llegar a nuestra provincia, la respuesta se vuelve un poco más sencilla: Paltas. Pero, ¿Quiénes fueron estas personas a las que llamamos Paltas? ¿Podemos inferir como fue su cultura? La respuesta sencilla, aún es no. Sin embargo, la etnohistoria, a través de la examinación de documentos de los periodos de conquista y colonia, ha tratado de resolver algunas interrogantes. Chantal Caillavet en “Etnias del Norte” (2000) comenta que Palta es un término sombrilla que acapara Cacicazgos como Garrochambas, Chaparras, Calvas, Malcatos y Ambocas, todos ubicados alrededor de la actual provincia de Loja. En este sentido, podemos inferir que, al ser diferentes grupos, estos tenían costumbres, tradiciones, y lenguas diferentes. Aunque la mayoría de los datos se han perdido, autores como Anne Marie Hocquenghem (2009), basándose en crónicas, ha descrito que esta era una confederación autóctona, la cual se aliaba en época de guerra. Así mismo, también tenemos que considerar, que, en el camino hacia nuestro presente, este territorio que llamamos Loja, y sus pobladores, los Paltas, sobrellevaron la invasión imperial Incaica y, Hocquenghem (2009) comenta que durante la conquista española, los grupos paltas fueron reubicados forzosamente hacia el valle de Cuxibamba, mientras que otros fueron desplazados hacia las minas de oro en Zaruma.
Por eso, en este paisaje, donde la larga historia de nuestra provincia fue cortada por las conquistas y un proyecto de nación-estado sin memoria, considero oportuno pensar que nosotros, como sociedad lojana, no solo nos hemos construido adaptando identidades y costumbres blanco-mestizas, sino que hemos obviado que lo que quedó de nuestros predecesores continua vigente en nuestro presente. Desde nuestro registro arqueológico, los santuarios y las tradiciones que lo acompañan, aunque pretendemos olvidar el pasado indígena, este sí nos recuerda, y así mismo, escucharlo nos acerca más a nuestra historia.
