La amenaza de la economía informal en Ecuador

Diego Lara León

La economía informal, esa amplia red de actividades que operan fuera de la regulación estatal, se ha convertido en un monstruo silencioso que devora las posibilidades de desarrollo sostenible del país. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), más del 50% de la población económicamente activa se encuentra en condiciones de informalidad. Detrás de esa cifra hay una realidad que amenaza la estabilidad fiscal, la equidad social y el futuro productivo de la nación.

El auge de la informalidad no es casualidad, es el reflejo de un modelo económico que no logra generar empleo formal suficiente, combinado con una estructura empresarial frágil producto de la incertidumbre generada durante años (cambios constantes de leyes y reglamentos, elecciones muy recurrentes, priorización de políticas de gobierno por sobre las políticas de estado, paralizaciones, falta de inversión y mantenimiento en infraestructura competitiva, etc), y un sistema tributario percibido como asfixiante (no hablamos de cobrar menos impuestos, hablamos de cobrar más inteligentemente los impuestos).

En muchos casos, emprender en la formalidad resulta más costoso que operar al margen de la ley. La tramitología, la carga impositiva y la falta de incentivos han empujado a miles de ecuatorianos a refugiarse en la economía informal, no por rebeldía, sino por supervivencia.

Sin embargo, el costo colectivo de esta aparente “solución” es altísimo. La informalidad erosiona la base tributaria del Estado, reduce su capacidad de inversión social y debilita los sistemas de salud, educación y seguridad. A nivel empresarial, genera competencia desleal: mientras unos cumplen con sus obligaciones fiscales y laborales, otros operan sin ninguna carga, distorsionando los precios y desincentivando la productividad. Además, precariza la vida de millones de trabajadores que carecen de seguro social, estabilidad o derechos laborales básicos.

La economía informal también tiene un efecto corrosivo en la cultura ciudadana, normaliza la evasión, la improvisación y la desconfianza en las instituciones. Cuando la mitad del país vive al margen del sistema, el mensaje implícito es que cumplir la ley no vale la pena. Esa desafección social es peligrosa, mina la legitimidad del Estado y alimenta el círculo vicioso de la informalidad, donde el incumplimiento se convierte en norma y la formalidad en excepción.

Según cifras de varios organismos internacionales, la economía informal que también en parte se puede denominar como economía ilegal, alcanza el 25% del PIB, es decir estamos hablando de mas de 30 mil millones de dólares por año. Es tan grande esta cifra que estamos hablando de casi el 80% del presupuesto general anual del Estado.

Frente a este panorama, no basta con operativos de control o campañas de concienciación. Se requiere una política integral que combine simplificación burocrática, incentivos tributarios, educación financiera y acompañamiento a los pequeños emprendedores. El Estado debe dejar de ver al informal como un infractor y empezar a tratarlo como un actor económico que necesita vías reales de inclusión. De lo contrario, seguirá creciendo la brecha entre la economía “visible” y la que se mueve en las sombras.

Formalizar no significa solo recaudar más impuestos; significa construir ciudadanía económica, generar empleo digno y fortalecer la confianza en las instituciones. En un país donde la informalidad se ha vuelto norma, recuperar la cultura del cumplimiento y la productividad formal es un desafío moral tanto como económico.

Ecuador no puede seguir sosteniendo su economía sobre cimientos invisibles. La informalidad no es una alternativa; es una trampa que posterga el desarrollo, perpetúa la desigualdad y debilita la democracia. Combatirla no implica castigar, sino integrar. Solo cuando trabajar formalmente sea más fácil y rentable que hacerlo en la sombra, el país podrá romper el círculo de precariedad que hoy lo atrapa.

Recordemos que el principal enemigo de un productor formal, es el productor informal; y, la única manera de eliminar al informal es formalizándolo.

@dflara