Efraín Borrero Espinosa, el especial cronista de Loja

Por Santiago Armijos Valdivieso

Hace poco, la Fundación Cívica San Sebastián, dentro del programa de festividades del Santo Patrono Jurado de Loja, llevó a cabo un conversatorio en torno a la vida y obra del Dr. Efraín Mariano Borrero Espinosa, al haber sido escogido en 2026 como personaje destacado.

Nada más justo y acertado, al tratarse de un dilecto lojano que viene cumpliendo con esmero, desde hace años, una valiosa labor en el bien de la cultura y la historia de Loja.

 Tanto es así que, desde el 2024, por atinada designación del cabildo lojano, Efraín Borrero es el fino y prolífico cronista de la ciudad, a la cual, con alma y pasión, la lleva en cada rincón de sus entrañas.

Quien ha leído sus crónicas se habrá dado cuenta que, para la arquitectura y construcción de estas, el autor recurre a su aquilatada memoria, cultivada, agrandada y enriquecida a lo largo de sus casi 80 años bien vividos por los andamios de la honestidad y de las buenas causas, en los que su testarudo ímpetu por servir a los demás resulta evidente y ejemplar. Por si esto fuera poco, nuestro cronista siempre recurre a una prosa limpia, fecunda y sencilla, colmada de datos precisos, acontecimientos relevantes, y a una suerte de radiografía social y amigable de los personajes protagónicos de los temas, cuya sucesión de hechos, fechas y lugares  lleva un orden adecuado y armónico que invita al lector a quedarse prendado del texto, sea para revivir los más entrañables recuerdos lojanos o para beber hitos y sucesos que han marcado la vida y las volteretas de la historia de Loja.

No es nuevo ni novedoso decir que muchas ciudades tienen sus cronistas para registrar con tinta todo aquello que forma parte de su memoria colectiva. Pero lo que llena de emoción, satisfacción y privilegio a una ciudad, es contar con cronistas especiales como Efraín Borrero Espinosa. Digo esto, porque se trata de un hombre inteligente, quien jamás ha respirado aires de grandeza o vanidad, ni se ha aislado de sus amigos y vecinos en alguna alta torre de marfil: fría, inaccesible y distante; pues, al contrario, este brillante cronista lojano, como parte ineludible de su oficio y de su naturaleza, sigue ofreciendo a borbotones su amistad con la mano extendida, la alegría de quien hace el bien sin pedir nada a cambio y con la encomiable sencillez de quien está convencido de que la vida es una oportunidad para servir y que un reconocimiento social o institucional no es más que una palmada en el hombro que invita a seguir sirviendo. Pero lo mejor de todo, es que nuestro cronista, tal cual libro abierto de carne y hueso, sigue dispuesto a obsequiar una conversación diáfana, enriquecedora y reparadora, tanto al vecino, al amigo, como a todo el que viene a Loja a respirar los aires dulzones y sencillos que soplan en estas afables tierras cercanas al Villonaco y a los ríos Zamora y Malacatos.

¡Qué satisfacción para nuestra urbe contar con un cronista de la talla intelectual y humana como la de Efraín Borrero Espinosa! ¡Qué alegría saber que las anécdotas, acontecimientos e historias lojanas están capturadas y perfumadas por la pluma amiga de este talentoso hijo de Loja! ¡Qué beneplácito tenemos al contar con estas crónicas para desafiar las arenas del tiempo!

En homenaje a todo ello, le pedimos a nuestro cronista que siga escribiendo sin descanso. Y, si alguna vez desmaya en el empeño, que nos avise para ir entre muchos amigos a abrazarlo y a aplaudir su obra para que siga adelante.

Para finalizar este artículo, dedico a personas como Efraín Borrero Espinosa, el siguiente texto de mi modesta autoría. Titula “Vida” y dice así: Si has de abrazar intensamente la vida, respira hasta que sientas el olor del amor, viaja hasta que tu corazón se ahogue de alegría, sueña hasta que rompas el lindero de la realidad, lee hasta que tus pupilas traspasen la oscuridad, escribe hasta que tus dedos tengan latidos de emoción, abraza al amigo hasta que lo sientas parte de ti, y agradece y agradece hasta que sientas el privilegio de vivir.