POR RUY FERNANDO HIDALGO MONTAÑO
Sucede en las familias, relaciones de pareja, gobernantes, es parte de nuestra naturaleza humana. Siempre queremos moldear a la gente que nos rodea, a nuestra conveniencia, imagen y semejanza. Pero eso es completamente imposible, sin embargo, casi nunca lo aceptamos. Deberíamos aprender de urgencia a respetar las diferencias de cada individuo, pero nos cuesta demasiado. Un ser muy cercano y amado por mí, me repite con frecuencia, que, la convivencia larga, agudiza las diferencias y fortalece las coincidencias, cuando somos capaces de sobrellevar tanto las primeras, como las segundas, vivir juntos funciona y perdura.
¡Pero qué difícil es lograrlo! Para algunos, me incluyo, resulta extremadamente complicado aceptar al otro como Dios lo hizo y no como nos gustaría que sea. Pero en mi caso, no me impide admitir, que ahí radica uno de los secretos más importantes de la vida. Lo malo es que a veces en el entorno íntimo de cada persona, existen quienes no aceptan esta realidad, se cierran con obstinación a las diferencias.
Jamás un padre, puede pretender que sus hijos, sean iguales a él, lo ideal sería que a pesar de lo distintos que sean, los amara por igual a todos. Pero tristemente la realidad es otra. Porque lo que pasa, es que, en innumerables casos, exigen que se conviertan en retrato vivo de ellos, pero no sucederá, lo máximo que podrá pasar es que se asemejen los rasgos físicos, pero nada más. Ojalá pudiésemos tolerar nosotros a los demás y ellos a nosotros, desde la diversidad de la esencia de cada uno, sin pretender pintar a nadie a nuestro antojo.
Este amar, desde la diversidad, se aplica a todo tipo de relaciones, para hacer más llevadera la fiesta de la vida. Claro que, como toda regla, también tiene sus límites bien demarcados, no se puede ser tolerante, de ninguna manera, cuando se trata de la dignidad, honra y seguridad personal, todo esto es innegociable, ni claudicar ante un maltrato continuo de cualquier índole.
La mayoría de desacuerdos, se producen por cosas o situaciones intrascendentes, que son factibles de superar, con un dialogo sincero, expresando frontalmente tus diferencias con los demás, y permitiendo que los otros te digan las suyas contigo. Perdonando y pidiendo perdón por tus fallas, no solo rogando que se pongan en tus zapatos, sino también poniéndote el calzado de los que te rodean. La uniformidad de criterios no existe ahora, ni ha existido nunca, son una quimera. Eso hace que la existencia no se torne tan aburrida. Aferrémonos a las concordancias, e intentemos ser pacientes frente al pensar ajeno, cuando este pensar, no ofenda nuestra integridad, sino, solo serán burbujas que desaparecerán ante la más leve brisa. Juntos construyamos un mundo, donde no sea utópico amarnos desde la diversidad de cada quien, este inicio de febrero es un tiempo ideal para tratar de amar sin imponer, buscando la felicidad desde las diferencias que nos hacen únicos
