Proyecto mejora en un 40% los cultivos en Chuquiribamba

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Miguel Ángel Villamagua, director de la carrera de Ingeniería Agrícola de la Universidad Nacional de Loja en el programa La Entrevista de Diario Crónica.

Un proyecto técnico que combina investigación científica y trabajo en territorio liderado por la UNL está transformando la producción agrícola en la parroquia Chuquiribamba, mediante la corrección de la acidez del suelo y la aplicación de enmiendas que han permitido mejorar los rendimientos y la calidad de los cultivos.

Investigación

En diálogo con Diario Crónica, Miguel Ángel Villamagua, director de la carrera de Ingeniería Agrícola de la Universidad Nacional de Loja, explicó que esta iniciativa surgió a partir de un estudio enfocado en el cultivo de café, desarrollado en la finca de Gustavo Samaniego. En un inicio, las plantas no mostraban un crecimiento adecuado, por lo que el productor solicitó apoyo técnico. Tras varios ensayos, aplicaron diferentes dosis de cal agrícola —entre 5 y 6,5 toneladas por hectárea— considerando el pH y la acidez intercambiable del suelo.

Los resultados fueron evidentes: mayor biomasa y plantas más vigorosas. Esta experiencia motivó a replicar la metodología en otros ecosistemas con características similares, llegando así a Chuquiribamba, ubicada entre los 2.500 y 2.900 metros sobre el nivel del mar, donde predominan suelos ácidos debido a su material parental o roca madre.

A esta condición natural se suman prácticas como la aplicación constante de abonos orgánicos, que incrementan la materia orgánica y la concentración de iones hidrógeno, generando mayor acidez. El pH —que mide esa concentración— incide directamente en la disponibilidad de nutrientes. El rango ideal para la mayoría de cultivos oscila entre 5,5 y 7.

Cuando en la parroquia detectan valores menores a 5, aplican cal agrícola; si el pH es mayor a 5,  utilizan caldolomita. La primera aporta calcio y carbonatos que neutralizan la acidez, mientras que la segunda contiene 36% de óxido de calcio, 10% de óxido de magnesio y 26% de azufre, lo que no solo corrige el suelo, sino que también aporta nutrientes esenciales.

Según explicó, la fertilidad se mide a través de la saturación de bases. Un suelo fértil supera el 65%, pero en Chuquiribamba los valores oscilan entre el 24% y el 50%, considerados bajos. Por ello, el proyecto se enfoca en neutralizar la acidez mediante carbonatos y sulfatos, incorporando de forma económica calcio, magnesio y azufre en una sola enmienda, lo que se traduce en productos más sanos y de mejor calidad.

El proceso comienza con el análisis del suelo. Los técnicos capacitan a los agricultores para determinar el pH con métodos sencillos, utilizando cintas indicadoras. ‘Se mezclan 25 gramos de tierra con 50ml de agua y en menos de 10 minutos se obtiene un diagnóstico preliminar. Pero también evaluamos la textura mediante el método del tacto o la botella’, dijo.

Entre los beneficios observados destaca la disminución de enfermedades. En el caso de la cebolla, cuando el suelo es muy ácido, las plantas adquieren un tono amarillento debido a la presencia de hongos. Al elevar el pH, se reduce la proliferación de estos patógenos, logrando cebollas más limpias, sanas y con mayor peso.

La iniciativa comenzó hace seis años. Tras la fase inicial de investigación, en los dos años siguientes comprobaron su factibilidad y, en los últimos periodos, ha ganado mayor confianza entre los productores, en parte por su bajo costo: un saco de caldolomita tiene un valor aproximado de USD 15,80 y la cal agrícola cuesta alrededor de USD 4.

Actualmente el trabajo se desarrolla en cultivos de maíz, cuya intervención inició antes de la temporada invernal mediante tres pasos: aplicación, incorporación y riego.

Cifras

Este proyecto que ha beneficiado directamente a 106 productores ha mostrado cifras alentadoras debido a que el rendimiento se han incrementado hasta en un 40%. Además, los agricultores han solicitado un acompañamiento en manejo postcosecha, especialmente en hortalizas, donde uno de los principales inconvenientes es la presencia de babosas.

Como siguiente etapa, implementará un sistema de riego inteligente con sensores de bajo costo que los instalarán en cuatro parcelas del Sistema de Riego Aguarongo–Zañe. Estos dispositivos determinarán el momento exacto en que la planta requiere agua, activando aspersores o el riego por goteo únicamente en la cantidad necesaria, optimizando el recurso hídrico y evitando desperdicios.