Loja entre el caudillo y el eslogan: hora de nuevas ideas y liderazgos

Edwin Villavicencio

Loja no está condenada a la mala política, pero sí parece atrapada en un péndulo: o el liderazgo vertical que gobierna “a pulso”, o el candidato que ofrece soluciones instantáneas. Esa oscilación, autoritarismo práctico y populismo retórico, debilita la institucionalidad municipal, desgasta a la ciudadanía y termina convirtiendo al Municipio en campo de batalla, no en herramienta de desarrollo.

El caso de José Bolívar “el Chato” Castillo es emblemático. Fue elegido alcalde para el período iniciado en 2014 y su administración terminó con la revocatoria de mandato del 24 de junio de 2018, cuando más del 70% votó por el “Sí”. La consulta se activó en un clima de conflicto cuyo detonante público fueron las fotomultas; y, en el debate de entonces, dirigentes gremiales lo acusaron de haber “sobrepasado el autoritarismo y la intolerancia”. Ese desenlace no prueba, por sí solo, un rasgo personal; pero sí retrata una forma de gestión que polariza y vuelve plebiscitaria la ciudad: el disenso deja de ser insumo y pasa a ser amenaza.

El otro extremo no es mejor. En la política local reciente crecen ofertas que apelan al “pueblo” contra “los de siempre”, prometen que “sí hay dinero” y que todo se arregla con voluntad, sin explicar costos, prioridades ni límites legales. Ese estilo populista puede sonar liberador, pero suele terminar en frustración por promesas incumplibles o en la tentación de saltarse procedimientos para “cumplir”. Patricio Valdivieso, por ejemplo, compitió por la Alcaldía de Loja con Renovación Democrática (lista 111) y su agenda pública incluyó temas populistas con un relato de “nuevo comienzo” y rodeado de personajes cuestionados de administraciones anteriores. El reto no es el discurso: es aterrizarlo en planes verificables, presupuesto y metas auditables.

La fragilidad institucional en Loja no es teoría: ya golpeó. Franco Quezada, alcalde electo para 2023-2027, fue removido por el Concejo Municipal el 26 de junio de 2025 y el TCE ratificó la remoción; la vicealcaldesa Diana Guayanay asumió para completar el período. Con independencia de simpatías, el dato es político: Loja no puede normalizar alcaldías truncadas, porque cada ruptura reordena equipos, paraliza proyectos y convierte la administración en litigio.

¿Salida? Cambiar el menú. Ni caudillos con ideas caducas ni salvadores de eslogan. Loja necesita liderazgos con tres credenciales: respeto estricto al marco legal (COOTAD, contratación, presupuesto), equipos técnicos estables y agenda urbana moderna (agua y saneamiento, residuos, movilidad, seguridad situacional, ordenamiento territorial). Y necesita partidos que seleccionen candidatos por méritos y propuestas, no por carisma o revancha. La ciudad no requiere más épica: requiere gobierno municipal serio, transparente y medible, con metas públicas por barrio, indicadores trimestrales y rendición de cuentas real. Si no, el péndulo seguirá oscilando y Loja pagará el costo en confianza y servicios.