Luis Pineda
Debido a la solemnidad del momento recurro a Kahlil Gibren y su texto “El Vagabundo”:
“Lo encontré en la encrucijada de dos caminos. El hombre con apenas un bastón. Cubría sus ropas con una capa y su rostro con un velo de tristeza.
Nos saludamos el uno al otro y yo le dije: —Ven a mi casa y sé mi huésped.
Y él, vino.
Mi mujer y mis hijos nos esperaban en la puerta de la casa y él les sonrió y ellos estuvieron contentos de su llegada.
Después nos sentamos a la mesa. Y todos nos sentimos felices, con el hombre y con el halo de silencio y de misterio que lo envolvía.
Y, luego de cenar, nos reunimos frente al fuego y yo lo interrogué acerca de sus peregrinaciones.
Y nos contó muchas historias durante aquella noche. Y también al día siguiente. Las historias, que yo he registrado aquí, son fruto de la amargura de sus días, aunque él nunca se mostró amargado. Y están escritas con el polvo del camino.
Cuando nos dejó, tres días después, no lo sentíamos ya como un huésped que había partido sino, más bien, como uno de nosotros, que estaba en el jardín y que aún no había entrado.”
Según varias culturas, el número tres significa tiempo suficiente…
La señora Julita, estuvo tiempo suficiente con nosotros para…
Tiempo suficiente para enseñarnos el amor a los familiares y amistades.
Tiempo suficiente para demostrarnos su compromiso con la educación de la niñez y juventud lojanas, especialmente en sus contribuciones a las instituciones El Tesoro del Saber y Amauta.
Tiempo suficiente para manifestar su amor a la naturaleza con su aporte a la creación de la Reserva Privada El Madrigal del Podocarpus.
Tiempo suficiente para enseñarnos como ser abuela, madre, tía, amiga…
Tiempo suficiente para ayudarnos a encontrar el camino de la vida y el amor.
Para honrar la memoria de la Señora Julita:
“Gracias en este día y en todos los días por la capacidad que me diste de recoger la belleza de la tierra, como un agua que se recoge con los labios, y también por la riqueza de dolor que puedo llevar en la hondura de mi corazón sin morir.
Para creer que me oyes he bajado los párpados y arrojo de mí la mañana, pensando que a esta hora tú tienes la tarde sobre ti. Y para decirte lo demás, que se quiebra en las palabras, voy quedándome en silencio…”
Gabriela Mistral
