Al igual que Pablo

Fernando Oñate

¿Se ha preguntado alguna vez si la personalidad humana cambia o se mantiene estable con el paso del tiempo? Si bien no hay un consenso, parece ser que, aunque los rasgos centrales de la personalidad tienden a permanecer constantes durante la edad adulta, es posible experimentar ciertos cambios relacionados a experimentar momentos decisivos en la vida que obligan a “dar un golpe de timón”. Lo que está claro es que los cambios podrían lograrse con tiempo, esfuerzo y decisiones conscientes, sin esto, no serían duraderos, solo se producirían cambios fugaces.

La gran mayoría de nosotros tenemos mucho que cambiar, estamos llenos de hábitos y costumbres que no son beneficiosas para nosotros, desde los malos hábitos alimenticios hasta los vicios y costumbres de diferente naturaleza que, a pesar de sus consecuencias, nos negamos a cambiar. No faltará aquél se auto convenza considerándose una “buena persona”, pero lo cierto es que “No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3: 12). Jesucristo le enseñaba a Nicodemo que “el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3: 3), nótese no se trata de un simple cambio, se trata de un nuevo nacimiento de ser una persona totalmente nueva. Ser una buena persona o cambiar ciertas cosas simplemente no alcanza si de gozar la eternidad con Dios se trata.

Saulo de Tarso era un judío del siglo primero, fariseo radical, instruido en la ley judía y sus costumbres, lleno de un gran celo por honrar a Dios en todo lo que hacía y que dedicó su vida a perseguir de manera encarnizada a los primeros seguidores de Jesús, Y es esa misma persona la que conocemos como el apóstol Pablo, autor de 13 cartas del nuevo testamento, fundamentales en la doctrina cristiana, fue el principal misionero de la iglesia primitiva, dedicando su vida a fundar comunidades y difundir el evangelio por todo el Imperio Romano (Hechos 9). Tal fue su entrega que fue martirizado en Roma por su servicio a Jesús. ¿Qué pasó para que Saulo de Tarso se transformase en el apóstol Pablo? Camino a Damasco tuvo un encuentro con Jesucristo resucitado, recibió su llamado, y obedeció. Desde ese momento el viejo Saulo ya no existiría más y Pablo podía decir con toda certeza: “ya no vivo yo, más vive Cristo en mí” (Gálatas 2: 20). En verdad fue un nuevo nacimiento.

Nacer de nuevo debe ser nuestro anhelo, no aspiremos a un simple cambio, muchas veces pasajero. Al igual que Pablo, solo podemos nacer de nuevo conociendo, siguiendo y sirviendo al autor y consumador de todo, Cristo Jesús. Búscalo!