
Habitantes del noroccidente lojano impulsan la conservación de la planta nativa de nona por sus propiedades curativas, aporte ecológico y valor para la polinización, particularmente su flor. Estiman que existe en la parroquia Gualel aproximadamente unas 10.000 plantas.
Propiedades
La planta de nona forma parte de la identidad natural y medicinal de Gualel, parroquia ubicada en el noroccidente lojano.
Luis Orlando Angamarca Angamarca, técnico en agroecología y habitante del sector, destacó en exclusiva para Diario Crónica las propiedades curativas y ecológicas de esta planta perenne que, desde tiempos ancestrales, acompaña a las familias de la zona.
Relató que los antepasados utilizaban las flores amarillas para aliviar diversas afecciones. Entre los usos tradicionales constan tratamientos para la fiebre, dolores de cabeza, congestión nasal y alteraciones del sistema nervioso. Las infusiones elaboradas con la flor de nona aún mantienen vigencia dentro de la medicina ancestral.
Angamarca explicó que la planta crece entre los 1.500 y 2.500 metros sobre el nivel del mar. Gracias a sus raíces profundas, la especie ha logrado resistir el paso del tiempo y los cambios provocados por la actividad humana. Sin embargo, advirtió que los agroquímicos afectan considerablemente su desarrollo.
“En Gualel todavía existen alrededor de 10 mil plantas, aunque poco a poco van desapareciendo”, comentó el técnico, quien atribuye esta reducción a la tala y al uso indiscriminado de productos químicos en los cultivos.
Función
Además de sus beneficios medicinales, la flor de nona cumple una función importante dentro del ecosistema. Las abejas encuentran en esta especie una abundante fuente de polen, factor clave para la polinización y la productividad agrícola.
“Las abejas captan bastante polen y ayudan a la producción de diferentes cultivos”, afirmó.
La planta también sirve como forraje para cuyes y ovejas. En terrenos fértiles puede alcanzar hasta cuatro metros de altura, mientras que en suelos pobres apenas llega a los dos o tres metros.
Otro aspecto llamativo corresponde a la apariencia de la flor. Angamarca describió la inflorescencia como “extraordinaria”, debido a su forma semejante a una abeja con pequeñas alas, característica que resalta su atractivo natural.
Recordó además que años atrás recomendaron incorporar la flor de nona en la preparación de la tradicional horchata elaborada en Chuquiribamba, debido a sus propiedades medicinales.
Hizo un llamado a los habitantes del noroccidente lojano para proteger esta especie nativa. Propuso conservar algunas plantas en cada finca, ubicarlas en sitios estratégicos y evitar su tala. A criterio del experto, la flor de nona no solo embellece el paisaje rural, sino que fortalece la biodiversidad y mantiene vivo un conocimiento ancestral transmitido de generación en generación.(I).
