P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ
La liturgia en la Iglesia alimenta la vida espiritual de millones de creyentes. Ella, en el día a día, nos entrega el pan de la palabra, la gracia de los sacramentos, la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Caminos seguros en medio de la realidad de un mundo que avanza, no se detiene, que nos presenta desafios y retos que debemos afrontarlos desde la intensidad de nuestra fe. Nos pide dar testimonio del bautismo que hemos recibido de Dios, Padre lleno de misericordia y sabiduria. Dios nos acompaña, porque nos entrega su amor eterno. En el libro del profeta Zacarías encontramos expresiones de jubilo que invitan al pueblo de Israel a reconocer la existencia de un rey, unico en su modo de vivir, que llega, humilde y victorioso, montando en un burrito: “Alégrate, sobremanera, hija de Sion; da gritos de jubilo, hija de Jerusalén, que viene a ti, justo y victorioso”.
El profeta, ubicado en el siglo III, antes de Cristo, anima a su pueblo, a recuperar la esperanza perdida luego de un azaroso tiempo de exilio. Ha muerto un rey poderoso y opresor, Alejandro Magno, que profano su templo y su credo religioso. Zacarías dice: “Rompera el arco del guerrero y anunciara la paz a las naciones. Su poder se extendera de mar a mar y desde el gran rio hasta los ultimos rincones de la tierra”. Israel revive con entusiasmo la expectativa mesianica. Resuena, en la voz del profeta, la palabra de Isaías que hablo en siglos anteriores del Príncipe de la Paz.
Nos imaginamos la vivencia de un pueblo que sufrio el escarnio de la humillacion y probo el trago amargo de la soberbia de un imperio poderoso. Yahveh, Dios, anuncia la llegada de un tiempo nuevo, de una restauracion religiosa y humana. El autor del Salmo 144 actualiza el sentimiento popular: “Dios y rey mio, yo te alabare, bendecire tu nombre siempre y hasta siempre”. Destaca los atributos divinos: compasion, misericordia, paciencia, generosidad, bondad, fidelidad, fortaleza…Dios, es un Padre que ama con entrañas de ternura. El pueblo debe proclamar la gloria un rey eterno que ha realizado maravillas a su favor.
Dios ha querido revelar su rostro para que la nueva creacion conozca la importancia de renovar la alianza perdida a causa de la infidelidad de una comunidad que confunde su identidad debido a su orgullo y vanidad. San Pablo, en el capitulo 8, desarrolla uno de los contenidos más cuestionantes para nuestro anhelo de renovacion interior: “Ustedes no viven conforme al desorden egoista del hombre, sino conforme al Espíritu, puesto que el Espíritu de Dios habita verdaderamente en ustedes”. Subraya que “quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo”. Dios, Padre, que resucito a Jesús de entre los muertos, habita en nosotros. Viviremos en gracia con la ayuda del Espíritu Santo. Estamos llamados a salir de un entorno que nos aleja del Padre. San Pablo exhorta a los creyentes a actuar con recta intencion. Jesús, muestra a su Padre, el nuestro. Le agradece todo lo que hace por nosotros: “Porque asi te ha parecedido bien”. En su corazon descansan nuestros apostolados: “mi yugo es suave y mi carga, ligera”.
