
Las intensas lluvias pueden reactivar cauces inactivos durante años, desencadenar aluviones, inundaciones y graves daños en zonas urbanas. Experto advierte que el crecimiento de la ciudad sobre antiguos lechos naturales incrementa el riesgo para familias lojanas. Estiman más de 30 afluentes secos en la urbe local.
Circunstancias
Las quebradas secas constituyen uno de los riesgos naturales menos visibles, pero con mayor potencial destructivo dentro del cantón Loja. Aunque permanecen inactivas durante largos periodos, las precipitaciones intensas provocan la reactivación de estos cauces, capaces de transportar grandes volúmenes de agua, lodo y rocas, con consecuencias para viviendas e infraestructura ubicadas en áreas vulnerables.
La ciudad de Loja alberga más de 22 quebradas tributarias urbanas y periurbanas que alimentan el sistema hídrico integrado por los ríos Zamora y Malacatos. Muchas corresponden a cauces intermitentes, cuyo caudal aumenta de forma repentina durante la temporada invernal, con posibilidad de desbordamientos y aluviones.
De acuerdo con el Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial (PDOT) y los registros de la Secretaría de Gestión de Riesgos, entre los cauces con mayor relevancia constan: Yahuarcuna, en el sector Los Rosales, zona suroriente; Las Minas, considerada una zona propensa a aluviones y vinculada al origen del río Zamora; Culcuy, ubicada en el sector occidental; El Valle, La Despensa y Taruca; además en Zamora Huayco, afluente del río Zamora.
Para el ingeniero ambiental Ramiro Guarnizo manifestó, en entrevista exclusiva para Diario Crónica, que el acelerado crecimiento urbano modificó numerosos cauces naturales mediante rellenos e intervenciones, situación que incrementó la vulnerabilidad frente a represamientos e inundaciones durante los periodos de lluvias.
“Alrededor de 50 quebradas podrían catalogarse como secas en el cantón debido a la ausencia de flujo durante muchos años, sin embargo, unas 30 están ubicadas en las periferias de Loja, donde numerosas familias levantaron viviendas bajo la creencia de que aquellos cauces jamás volverían a activarse”, dijo.
Guarnizo recordó un caso registrado en un barrio lojano, donde la reactivación inesperada de una quebrada ocasionó daños en varias viviendas. Además, explicó que estos cauces suelen recuperar actividad cada diez años o incluso después de periodos más prolongados, como parte del comportamiento natural de los ecosistemas.
Viviendas
El especialista también alertó sobre la presencia de decenas de barrios con viviendas construidas junto a los márgenes de quebradas activas. “Los cauces de menor tamaño pueden aumentar su caudal en cuestión de horas durante eventos climáticos extremos y provocar importantes afectaciones. El barrio Carigán, Motupe, Sauces, Jipiro, figuran entre los sectores que evidencian esta problemática”.
La expansión urbana sin una planificación acorde con las condiciones naturales del territorio mantiene vigente una amenaza que, aunque silenciosa durante años, puede manifestarse con gran fuerza en cada temporada invernal.(I).
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Una quebrada denominada seca podría reactivarse cada 10 años, según expertos.
En la ciudad de Loja estiman alrededor de 30 quebradas secas.
