Escuchar las caracolas
Por: Sandra Beatriz Ludeña
Quién podría imaginar que estos recuerdos servirían, a propósito del “Día del niño”, me veo en la adolescencia, cuando todo era para mí un melodrama, vivía el aprendizaje. Así, qué problema era ir a la tienda y que esté cerrado, por no hallar pan, como el que me encargaron. Ante semejante situación, miraba hacia arriba, hacia abajo y sin otra opción, me iba con las manos vacías. Digo vacías de soluciones. Así, por esos días, mi madre era la ley, entonces, divagaba sin salida. Mas, así aprendí la honestidad, por eso, ante la misión incumplida, aceptaba la reprendida, pero decía: “no hay pan, ni salida, todo está cerrado”.
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