No caer en la trampa de los metadiscursos

Benjamín Pinza Suárez

La auténtica democracia es aquella que tiene como fin superior alcanzar los niveles más altos de participación, inclusión y justicia social y acortar esa enorme brecha existente entre ricos y pobres. Alcanzar una sólida democracia debería ser el anhelo de todos los pueblos que aspiren a un buen vivir y entenderse como sociedad solidaria y civilizada. Aristóteles creía que una democracia participativa no podía tolerar grandes diferencias en la distribución de la riqueza y consideraba como la mejor alternativa, la reducción de la pobreza. Contraria a esta posición, Madison, el padre de la constitución estadounidense, sostenía que la desigualdad económica y la democracia participativa no pueden coexistir por lo que recomendaba la reducción de la democracia, convencido que el poder debía recaer en aquellos que poseían la riqueza de la nación. Estos dos conceptos antagónicos de democracia son los que, a la final, se imponen, dependiendo de quienes ganen una elección.

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