Los dedos, la voz, la palabra escrita y la oxitocina
Galo Guerrero-Jiménez
La enorme sensibilidad que los dedos tienen, en especial los de las mujeres, para tocar el cuerpo desde diversas formas: una caricia, un roce y la manipulación para garabatear, dibujar y escribir, especialmente en la tecnología de la imprenta, estimulan la corteza prefrontal del cerebro y, por ende, la concentración del afecto, hace posible que ese estímulo tenga un alto sentido sensitivo-cognitivo en la piel y en todo el cuerpo humano que, en el caso de los niños, se complementa con el susurro, y el tono de la voz de la madre, e incluso el olor que el pequeño percibe, convierten al regazo materno, e incluso paterno, en un lugar seguro para que ese pequeño ser humano pueda desarrollarse con toda naturalidad y viveza mental, fisiológica y emocional.
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