El neuroaprendizaje

“Enseñar sin saber cómo funciona nuestro cerebro es como querer diseñar un guante sin nunca haber visto una mano.”, Leslie Hart.

El Neuroaprendizaje es una disciplina que combina la psicología, la pedagogía y la neurociencia para explicar cómo funciona el cerebro en los procesos de aprendizaje en los estudiantes. Si bien hasta hace dos décadas era muy poco lo que se conocía acerca de cómo funciona y cómo genera conocimiento el cerebro, a partir de los años 90 ha existido una explosión tecnológica que ha permitido empezar a conocer más sobre este órgano del aprendizaje.

Hoy en día el Neuroaprendizaje es un tema de gran interés. A partir del acercamiento a esta ciencia, es posible determinar aquellos procesos de aprendizaje adecuados para cada cerebro, favorables durante los períodos de academia. Las herramientas que permiten reconocer cómo funciona este órgano son útiles en las distintas etapas del estudiante o adulto.
El cerebro es el órgano más dúctil que tenemos, está en continuo cambio, en la infancia su desarrollo es espectacular, el cerebro infantil es muy moldeable y muy sensible a los procesos de aprendizaje, también en la edad adulta y en la tercera edad el cerebro es capaz de generar cambios y mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje con el Neuroaprendizaje, por lo que nos convertimos en seres conscientes de ello e intentamos ayudar a optimizar su funcionamiento para potenciar los procesos que intervienen en el aprendizaje como: atención, memoria, lenguaje, lectura, escritura, razonamiento y emociones.
Hace algún tiempo los señores docentes se debían contentar, únicamente, con los resultados de la observación, ya que a través de ella decidían si cierta técnica, estrategia, teoría o escuela de aprendizaje era favorable o no para los estudiantes. En la actualidad, contamos con elementos para saber cómo aprende el cerebro de las personas en general y contamos con herramientas para descubrir cómo aprende cada cerebro en forma individual. Estas herramientas nos posibilitan cubrir todos los estilos de aprendizaje, todas las inteligencias, los distintos canales de representación sensorial y formas de enfrentar desafíos. Estamos convencidos de que si un estudiante no aprende es porque no le están enseñando de la manera que él puede y debe aprender.

Considero que es fundamental capacitar a los señores docentes con estos nuevos conocimientos que dan con ciertos modelos mentales, como que el cociente intelectual que está determinado al nacer o que nivel de inteligencia es solo medible a través de las evaluaciones tradicionales y abre camino a un liderazgo situacional donde se tienen en cuenta no solo al contexto y al estilo general de los alumnos, sino también a cada estudiante en relación con las distintas áreas de aprendizaje.

Otro aspecto fundamental para que el Neuroaprendizaje en el aula sea un hecho es la creación de un ambiente dinámico, donde cada miembro se sienta motivado a dar lo mejor de sí, donde ningún cerebro se sienta amenazado porque el estilo de enseñanza no coincide con su estilo de aprendizaje y donde pueda desarrollar sus habilidades y adquirir nuevas capacidades. El entorno dinámico y seguro evita lo que en Neuroaprendizaje denominan “downshifting”, que es el período durante el cual no llega suficiente sangre y oxígeno al cerebro racional como para que éste trabaje eficaz y eficientemente, provocando las reacciones emocionales de fuga como la falta de concentración, retardo de acción, entre otras, lucha (agresividad), sumisión e inhibición de acción (bloqueo).
El docente como líder dinámico crea las condiciones para poder desarrollar los procesos cognitivos y funciones ejecutivas del cerebro de un modo convergente, propio de la escolaridad formal y divergente, propia de los cerebros que utilizan su creatividad e intuición para encontrar respuestas nuevas a los desafíos de siempre, es muy importante, es el área del alfabetismo emocional. Basta mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta que si bien cada vez nacen niños intelectualmente más inteligentes, el cociente emocional ha disminuido drásticamente, por eso me animaría a decir que el enseñar a monitorear y a manejar nuestras emociones se ha convertido en una necesidad de supervivencia.