Solidaridad, politiquería y falta de liderazgo

Estas lamentables características de inmadurez asoman más evidentes cuando el mundo se debate ante esta terrible crisis sanitaria. Inesperada crisis que en Ecuador se unió a otras crisis que ya nos tenían maltrechos: económica (exagerado endeudamiento sin reservas económicas), ética (corrupción y apenas disminuida impunidad), sin rumbo (desacertada y demagógica gobernabilidad)… Tan grave crisis sobre crisis, que el gobierno, desesperado por lograr algún recurso económico que cubra algo de los más de 8.500 millones de dólares que necesita, apeló a la promulgación de la llamada Ley de Apoyo Humanitario. Esta ley, finalmente fue aprobada por la Asamblea Nacional pero negando toda posibilidad de acceder a las fuentes de financiamiento interno planteadas, como el apoyo pecuniario temporal de todos los servidores públicos y de aquellas personas y empresas a las que realmente les sobra dinero. A ninguno de estos dirigentes que, incluyendo al grueso de asambleístas que se opusieron a la aprobación del gesto solidario (de los que algo tienen, especialmente de lo que tienen mucho, en favor de los nada tienen), huérfanos de solidaridad, les ha pasado por la cabeza promover un mínimo gesto de ayuda espontánea de sus “representados”, peor dar algo de su propio bolsillo, en favor de los millones de compatriotas que se debaten entre el hambre, la miseria y la falta de trabajo.
En buena hora en nuestro país, como contrapartida, hay muchas personas, realmente buenos seres humanos, que unidos en un ejemplar voluntariado anónimo diariamente ayudan a sobrellevar los sufrimientos de los más desamparados. Dando ejemplo de honradez y solidaridad a los falsos líderes que han manejado y siguen manejando, escondidos tras despreciables testaferros, los bienes públicos o manejan directamente los grupos económicos, partidistas y clasistas.

Frente a esta situación, nos preguntamos: ¿En estos tan graves momentos, agravados por perversos actos de corrupción, los llamados representantes nuestros (asambleístas, dirigentes gremiales, directores de importantes oficinas públicas y otros), han perdido el sentimiento de solidaridad social? Sí casi todos dirigen mafias de viles ladrones o niegan todo pedido de colaboración solidaria, en este caso a favor de los cinco millones de ecuatorianos sin trabajo, ninguno de los cuales tiene alguien que reclame por ellos.
¿Cerramos toda posibilidad de unión, a base de un razonamiento racional, y mejor apoyamos el agravamiento de la crisis social ligada a los oscuros intereses de gente que promueve la violencia y el caos? No sé, francamente, qué decir. Pero vislumbro que necesitamos urgentemente otro tipo de país, algo más maduro, dirigido por líderes formados bajo sólidos principios éticos y morales, y con gran visión de país y de futuro. Líderes de un mundo nuevo: más equitativo, justo, sano, unido y solidario.