Arrancó el proceso electoral

Antonio C. Maldonado V.

Con bombos y platillos las innúmeras agrupaciones y partidos políticos de todo el país y en medio de la preocupante pandemia, la bonanza de la corrupción organizada o desorganizada y la inseguridad ciudadana comenzó el evento democrático con la inscripción de las candidaturas para elegir los dignatarios que nos representarán tanto en el Poder Ejecutivo como en el Legislativo,

ya sea solos o mediante insospechadas alianzas para tratar de captar aunque sea una curul en el legislativo, donde mediante la arraigada práctica y destreza de la partidocracia consigue sus tenebrosos objetivos.

De lo que se escucha y lee en los medios de comunicación, todos los candidatos coinciden en un objetivo: “la lucha para erradicar la incontenible corrupción” convirtiéndonos en un país de ciudadanos inmaculados, puros, castos, impecables, honorables, etc. sabiendo con diafanidad que todos tenemos o tendremos “rabo de paja”; problema latente que no puede constituir el principal punto de un programa de gobierno sino simplemente el cumplimiento del mandato constitucional y de las leyes de la materia para sancionar con severidad, agilidad y oportunidad a los corruptos, tarea que les corresponde ejercer a la Contraloría, la Fiscalía, al Poder Judicial, la Defensoría del Pueblo, porque también saquean los dineros de los ecuatorianos, al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social y una serie de organizaciones públicas y privadas que dicen trabajar en este objetivo; pero, sobre los álgidos problemas que estamos atravesando aún no se conoce nada en concreto sino simples enunciados en los órganos de publicidad.

Lo principal que tenemos que enfrentar este momento es la propagación del virus que afecta y enluta a la patria, programando para su aplicación medidas coordinadas de todos los sectores y estudiosos versados en la materia con la finalidad de evitar además las diarias reclamaciones y protestas contra el gobierno por innúmeros motivos, lo cual mantiene en un estado de zozobra permanente a toda la ciudadanía ya que se publican diariamente con la garantía de ser noticias verificadas y no simplemente inventos de los ingeniosos o vengativos utilizadores de la comunicación Internet; sin embargo lo que más afecta al colectivo constituye la desocupación y las lacras sociales que esto conlleva; un gran sector de ciudadanos acostumbrados a percibir una remuneración para atender sus necesidades, no puede de la noche a la mañana quedarse desocupado para mantenerse de la caridad pública o privada; pues, como todos sabemos la necesidad de sobrevivir tanto él como sus familiares, habiendo quedado sin protección de la seguridad social y frente a la halagadora propaganda del mercado de consumo, en un gran porcentaje de desocupados se enrumban por el camino de la delincuencia.

En estas circunstancias, el escenario para las elecciones de febrero del próximo año se torna muy complejo y muy difícil de llevarlas a efecto con normalidad; la ciudadanía no conoce ni con algo de aproximación quiénes serán los candidatos ni cuales los programas que presentarán a desarrollar en caso de ser electos ya que las concentraciones populares a cielo abierto como se ha estilado no podrán realizarse, de ahí que al final del proceso puede resultar como decían los antiguos “un parto del infierno” porque los electores desconfían casi en su totalidad de los partidos políticos y el desprestigio en que ha caído la Asamblea Nacional con la abrumadora cantidad de legisladores enjuiciados.

Por otra parte, la tan difundida unidad nacional para frenar la pandemia, comienza a resquebrajarse con el inicio de la contienda electoral; esperemos que esto no afecte más el descalabro por el que atravesamos.