Eduardo Galeano y su amor a la esperanza para lograr un mundo mejor

Campos Ortega Romero

La obra literaria es testigo de una época social y de una jerarquía propia de su tiempo, constituye un documento que ayuda al lector a conocer las problemáticas actuales o pasadas, a trasladarse a un nuevo entorno y a conocer las riquezas o desdichas existentes en aquel momento. La historia de pequeños pueblos, grandes reinos o comunidades actuales se narra de forma real y estética con el fin de transmitir un aprendizaje en el lector, así la producción literaria de Eduardo Germán Hughes Galeano, nace el 3 de septiembre de 1940, y muere el 13 de abril del 2015, en la tierra que lo vio nacer Uruguay. Se especializó en decirnos quiénes éramos y qué deseaban los otros que fuéramos, desde su labor de periodista, ensayista, poeta y narrador. Su labor era indagar en el pasado y evidenciar lo grandioso y lo triste de haber nacido en esta parte del mundo.

Sus obras son indispensables para entender el devenir de América Latina, un territorio que fue ultrajado primero por los voraces colonizadores europeos, después por las despiadadas dictaduras militares (casi todas apoyadas por el imperio estadounidense) y luego por las desalmadas corporaciones bancarias. Así pensaba Galeano, y tenía razón. Cronista de su tiempo, mantuvo a lo largo de toda su vida, su denuncia contra todo tipo de injusticias, incluso en el nuevo siglo hizo suyas las consignas ecologistas para frenar el deterioro del planeta y no titubeó en denunciar a las pasteras que contaminan las aguas en su querido país. Para él siempre fue importante la recuperación del pasado pero también el futuro, la incertidumbre frente a un mundo donde se enseñorea la pobreza, sumado al tema de las grandes migraciones de personas en el continente que deambulan sin rumbo fijo, expulsadas de sus lugares de origen. Galeano “era un hombre coherente en su obra y en su vida privada sin escisiones, sin claudicaciones, siempre solidario con las mejores causas”, acusó el historiador y editor Alberto Díaz.

El siguiente texto es parte del discurso pronunciado por el autor, el 11 de julio de 1988, en Santiago de Chile, durante el Encuentro Internacional del Arte, la Ciencia y la Cultura por la Democracia en Chile ‘Chile vive’. “Decimos no a la mentira. La cultura dominante que los grandes medios de comunicación irradian en escala universal nos invita a confundir el mundo con un supermercado o con una pista de carreras donde el prójimo puede: ser una mercancía o un competidor pero jamás un hermano. Esa mentirosa cultura que especula con el amor humano para arrancarle plusvalía, es en realidad una cultura del desvinculo. Tiene por dioses a los ganadores, los exitosos dueños del dinero y del poder, y por héroes a los uniformados rambos que les cuidan las espaldas aplicando la doctrina de la seguridad nacional. Nosotros decimos no al divorcio de la belleza y la justicia, porque decimos sí a su abrazo poderoso y fecundo. Ocurre que nosotros decimos no, y diciendo no estamos diciendo sí. Diciendo no los malos gobiernos y a las dictaduras, y no a las dictaduras disfrazadas de democracia, nosotros estamos diciendo sí a la lucha por la democracia verdadera, que a nadie negará el pan, ni la palabra y que será hermosa y peligrosa, como un poema de Neruda o una canción de Violeta”.

Curiosamente, y a pesar de que la historia latinoamericana está repleta de acontecimientos aciagos, Galeano los recreó con amor y con una llamada a la esperanza de lograr un mundo mejor lejos del pesimismo. Sólo así tendremos un planeta para vivir, no para sobrevivir. Nuestro homenaje a Eduardo Galeano, la voz de los sin voz, de la Patria Grande, “Nuestra América”, con mis mejores recuerdos. Así sea.