Pensar como país

Juan Luna

El fenómeno de corrupción está transversalizado e institucionalizado en todos los sectores, el mismo beneficia ilícitamente a un determinado grupo incrustado en las oscuras esferas de la ley y el poder, mientras que va en desmedro de la mayoría de ciudadanos que según, la pirámide de Maslow y su teoría “Jerarquía de las necesidades humanas” no satisfacen sus necesidades de primer nivel (primordiales de orden fisiológico, seguridad, afiliación y reconocimiento), peor las de nivel superior (motivación de crecimiento», necesidad de ser y autorrealización).

En este ambiente de degradación ética y moral llega la sentencia de autores mediatos directos y cómplices del famoso caso de sobornos”, denominado “arroz verde 2012-2016” y que tuvo sus orígenes en la investigación periodística, delación de dos secretarias y la continuidad en la Fiscalía, Procuraduría y Corte de Justicia que terminaron por condena en tercera instancia nacional a 8 años de privación de libertad y muerte política a 20 personajes de la política y empresariado que cogobernaron y cuyas acciones u omisiones permitieron el abuso de fondos públicos y privados para beneficio partidista y contratación de obras. Ojo, el periodismo no sentencia a nadie, es la justicia y su investigación la que falla, luego de un proceso riguroso de aplicación de la ley.

La sentencia calificada como “histórica” por los detractores y de “persecución política” por los involucrados, merece atención especial, principalmente, de los gobernantes y políticos para que comprendan que el verdadero sentido del poder y su administración, están regidos por la ética y por la política como búsqueda del bien común y del buen vivir, en esencia es un SERVICIO a los ciudadanos y verdaderos mandantes, quienes, delegan cada cuatro años el ejercicio del poder y la administración de los bienes públicos de los que se debe rendir cuentas y no apropiarse de ellos ilícitamente, peor, para perpetuarse en el poder.

Merece atención especialísima de los ciudadanos: intelectuales, grandes, medianos y pequeños empresarios; funcionarios públicos, obreros, madres de familia, para de una vez aprender a informarnos y analizar la información; para discernir y tomar decisiones correctas que nos conviertan en vigilantes de los recursos que pertenecen a todos los ecuatorianos, particularmente, a los que vienen detrás de nosotros.

Pensar como país, es el deber de todos. La formación en el hogar, la educación escolar, la universidad, la formación política desde la ética pública y el tratado de las ideas (ideología) deben orientar la vida del Estado ecuatoriano y los gobernantes, administradores y líderes reflejar con su coherencia de vida un profundo amor a la patria, respeto por lo ajeno, responsabilidad con el cargo encomendado. El SÍ JURO, de nuestra niñez y adolescencia debe resonar con fuerza para construir el nuevo país más humano, cimentado en la vida, la familia, la justicia y solidaridad.