Podrá prescindirse de la educación presencial

Rafael Riofrío

El asunto de la educación virtual nos obliga a considerar el tema Covid-19 de manera diferente, quizá de manera amistosa entre comillas, puesto que aún nos tocará vivir un buen tramo junto al malicioso virus. La crisis sanitaria exigió de las autoridades educativas poner en vigor una serie de estrategias para una formación no presencial, que al final no han dado resultado porque de manera improvisada se recurrió a recursos inexistentes, principalmente la falta de conectividad.


Salvo buena parte de establecimientos particulares, en la mayoría de los fiscales las actividades de enseñanza y aprendizaje sucedieron con distintas complicaciones, no sólo por la falta de disponibilidad de los recursos tecnológicos, sino en razón de las deficiencias en las habilidades y competencias técnicas de la mayoría de estudiantes, también de los docentes, no todos por supuesto. La tecnocracia del Ministerio de Educación no quiere darse por enterada, que la pedagogía presencial y virtual son distintas; tampoco entienden que el tratamiento de los contenidos es diametralmente diferente.

El haber transitado junto a la niñez y adolescencia por más de treinta años en las aulas, me permite opinar que la educación presencial por largo tiempo será irremplazable en la educación general básica, -no niego la validez de la educación virtual-, puesto que el vínculo impresionable en esta etapa, es el diálogo, el contraste de ideas y opiniones, en lo cual intervienen la razón y la pasión de estudiantes y docentes, eso es la “didáctica activa” que permite el aprendizaje significativo y el desarrollo del pensamiento crítico.

Paulo Freire caracterizó que la “escuela y el aula son el espacio privilegiado, donde el aprendiz adquiere ese valor dialógico base de su propio crecimiento intelectual y humano”. Sin embargo, no solo eso hace valiosa a la educación presencial, son los logros obtenidos, durante su recorrido histórico, quizá no sea suficiente para que el Ministerio de Educación que tras bastidores y escudándose en la pandemia, esté analizando la descabellada posibilidad de un regreso presencial a clases sin las garantías sanitarias para la comunidad educativa.

Sin temor a equivocaciones, no todos los estudiantes tienen las posibilidades de aprovechar los recursos tecnológicos y las redes sociales. Sin embargo, es oportuno analizar las experiencias previas y posteriores a la crisis sanitaria, y reconocer que hay ámbitos educativos en los cuales lo virtual puede aprovecharse para la educación presencial. Es prudente que sopesemos con honestidad los pros y contras de la educación presencial y virtual.

La propia Ministra de Educación ha manifestado la intención del regreso presencial a las aulas; por tanto no se trata de elegir entre lo uno y lo otro. Lo importante es reconocer que la pandemia nos ha permitido implementar ciertas estrategias educativas de carácter virtual que deberían ser consideradas a la hora de realizar los ajustes entre la educación presencial y los apoyos virtuales, sin perder de vista la educación como derecho e interés superior de la niñez.