Mayo reinvindicativo

Juan Luna

Quilanga, 02 de mayo 22

Mayo en nuestras manos, mayo en nuestras mentes y mayo en nuestro corazón. La razón no pide fuerza al corazón, por ello, este mes abre sus puertas con un reconocimiento a la lucha de todos los trabajadores que día a día, en sus distintos oficios, profesiones y labores dignifican la vida, la familia y construyen cada uno desde sus trincheras una nueva sociedad. El primer día de mayo es de memoria, reivindicación de derechos y de una búsqueda constante por salarios y trabajo digno, cuyos responsables de brindarlo es el estado, la empresa, microempresa y pequeños emprendedores.

Llegamos al 03 de mayo para celebrar el día de la libertad de prensa, que va de la mano con la libertad de expresión, reconocida en la Carta de los Derechos Humanos (Art. 19) y que permite un libre acceso equitativo de todos los ciudadanos al espectro radioeléctrico y que su voz sea escuchada y valorada por los medios de comunicación convencionales y digitales. No se trata de que existan miles de medio iguales, sino, al revés, que existan miles de medios diferentes para todas las voces, así tendremos medios para las feministas, medios, para los ecologistas, medios comunitarios, medios para las religiones, etc., que permitiría un equilibrio entre aquellos que ven a la comunicación como un negocio, muy cercano al poder político y económico y entre lo que creemos en la comunicación como un derecho.

El segundo domingo celebramos a la madre, día que congenia con la riqueza espiritual que nos ofrece mayo al recordar a la Madre de Dios y madre de la humanidad. La madre celestial muy cercana a sus hijos e hijas para interceder y mediar entre su Hijo y la humanidad. Los templos católicos, particularmente, los santuarios marianos del mundo se llenan de flores y de largas filas de peregrinos que penitentes buscan remedio a sus males y fervorosos cantan “es el hermoso mes de María, mes de alegría, nuncio de paz”.

La madre terrenal, aquella que nos lleva en su seno nueve meses y luego, como toda una maestra, sin “título” nos encamina para enfrentar los vaivenes de la vida. Una mujer que desde la ternura y sabiduría vela nuestros sueños y vigila nuestros pasos para no dejarnos caer. Esta mujer madre, esposa, hija y trabajadora no merece un día de celebración, sino todos nuestros días deben ser motivo para venerarla y honrarla, pues, su remuneración, es ver a sus hijos crecer, madurar y desarrollarse en la vida.

Ramón Ángel Jara, obispo chileno la describe en sencillas palabras:  “Hay una mujer… que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados”, ¿qué hijo no puede decir con certeza, que su madre es su ángel de la guarda?, al menos la mía si, su sencillez, su candidez de espíritu, su lucha permanente como maestra en la rama de corte y confección en su taller, luego, como docente y hoy como una jubilada es la demostración de fidelidad y consagración a sus esposo y sus hijos; su fe inquebrantable es su fortaleza y la de la familia.

Como ecuatorianos, cerramos el mes de mayo, celebrando la fecha libertaria de un 24 de mayo y nos alegramos el 26 de mayo, con la primera santa ecuatoriana, santa Marianita de Jesús, virgen penitente y santa quiteña, más conocida como la Azucena de Quito, quien ofrendó su vida a los más pobres y por la patria.