Nayib Bukele, ¿otro autoritario populista?

César Eduardo BRICEÑO TOLEDO

El actual mandatario de El Salvador empezó bien su periodo presidencial, desde el uno de junio de 2019, aplicando con dureza la Ley en contra del crimen organizado que espeluznaba a la seguridad pública; en 2021, el PIB creció en 10.3%, los ingresos provenientes del turismo crecieron en 52%, el empleo creció en 7%, las nuevas empresas subieron en 12%, las exportaciones se incrementaron en 17%, la generación energética creció en 19%, la exportación de energía creció en 3,291%; entre otros logros de su gobierno.

Sin embargo, su intención es de reelegirse en el 2024, que de acuerdo a la constitución le impide hacerlo sino después de otro periodo. En el 2013 dijo: “Qué no puede haber reelección enseguida para que no se abuse “del poder para quedarse en el poder”. Criticó a los regímenes de Nicaragua, Honduras, Venezuela, que al principio fueron democráticos y después dictaduras; recordó que en los años 60 /70 fueron las dictaduras militares en Latinoamérica y ahora son las dictaduras civiles”.

Actualmente con gran hipocresía tuerce la realidad según sus conveniencias personales, una vez que tiene cooptada la justicia, al legislativo, a los estados de excepción y urdió las modificaciones de la constitución que le permitirían la reelección gracias a un controvertido fallo de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema, en septiembre del 2021, cuando los magistrados elegidos por una mayoría asambleísta progobiernista, señalaron que son los electores quienes deben decidir si un presidente debe continuar o no en el cargo. Fue acogido por el Tribunal Supremo Electoral para allanarle el camino hacia la reelección.

Acatando la resolución de la Sala de lo Constitucional, empezó con el desmantelamiento institucional, con una crisis de la oposición en el legislativos y concejos municipales, creó oficinas paralelas con venia del presidente para hacer las obras, incluso no aprueban leyes el oficialismo, aunque sean en beneficio del país; los partidos políticos están duramente golpeados, no tienen mayor credibilidad y sin financiamiento. La oposición dice que no hay diálogo sino imposición; que el gobierno es más una agencia de publicidad que de obras públicas.

En definitiva, varios de estos mandatarios salieron de una matriz democrática, para luego en el poder convertirse en autócratas, con el respaldo de seguidores fanáticos. Unos cuantos de estos personajes gobiernan en Latinoamérica estropeando los derechos y libertades públicos. Muchos ciudadanos de estos países emigraron y los vemos en nuestro país pidiendo limosna y sin futuro para sus familias. ¡El Ecuador debe aprender de estos ejemplos que aterran a la humanidad!

Loja, 03 de julio de 2023