Democracia participativa

Campos Ortega Romero

En medio del caos social, político y económico que se debate nuestro país, nos acercamos a la contienda electoral, que constituyen una urgencia en la búsqueda de fórmulas para detener y extirpar, a los politiqueros de siempre.

Sí, urgencia de una proyección al futuro en términos de construir estrategias que articulen la democracia integral que, para algunos, pasa fundamentalmente por una nueva forma: la democracia participativa, para que sea una realidad, en nuestro medio, implica la práctica de algunas condiciones básicas.

En la praxis de la democracia representativa el primer sujeto de participación es el ser humano, pero el ser humano, no individualmente, no egoístamente, sino integrado a un colectivo. Sumado a lo anotado dos instituciones centrales son las llamadas a fortalecer la democracia participativa: los partidos políticos y las organizaciones populares. Es decir, el sentido de la participación de la colectividad, puede expresarse hacia todos los ámbitos de la sociedad y de los asuntos públicos. En estos términos la democracia participativa plantea una proyección mayor hacia el concepto de democracia plena.

Si aceptamos que el ser humano es el elemento importante en la democracia representativa, significa que usted amable lector es importante; y, que, de su reflexión y decisión frente a las urnas al depositar su voto, decidirá el futuro, y el ejercicio de la democracia que permitan una acción progresista, donde consideren que los canales participativos en la toma de decisiones, seguimiento y gestión, control y rendición de cuentas, constituyen las prácticas ciudadanas.

Debemos recordar que el concepto de democracia participativa no significa exclusión sino, por el contrario, como su nombre lo indica integración.

Integración que implica que nuestros caminos son convergentes y nuestra búsqueda sea la misma, nuestras raíces son iguales, pero infinitas en sus formas y múltiples en nuestras concepciones. Nuestro destino es el mismo en su permanente devenir entre la magia y la realidad, entre la nostalgia y la alegría, para juntos buscar la libertad, el pan, el estudio y la dignidad del pueblo soberano.

Finalmente hay que señalar con altivez y voz clara, a los cuatro vientos, que internamente somos un país conformado por gente buena, sencilla y sensible, amable, que respeta y aspira ser respetada, y que exigimos a los gobernantes, asambleístas y funcionarios públicos cumplan con su deber, que inviertan y controlen adecuadamente los fondos públicos; y, que recuerden siempre que el hecho de ser pasivos no significa que nos falte coraje para reclamar con altivez, con el puño levantado y patriotismo nuestros derechos, cuando sea necesario. Así sea.