Por: Sandra Beatriz Ludeña
Henry Miller dice: “¿Qué son las despedidas, si no saludos disfrazados de tristeza?” Es verdad, que difícil resulta escribir una despedida, más, si a quién despides es un ser tan querido, hoy tengo que decir unas breves palabras para mi tía Emma Ludeña, quien ha partido al viaje inevitable que todos emprendemos.
No sabía que te amaba tanto, lo descubrí en tus días de enfermedad, cuando recordé lo que entregaste, vino a mí el aroma de los días de infancia cuando cuidabas de mí, y compartíamos confesiones en largas tertulias de tía a sobrina.
Emma, no olvidaré jamás tu figura, tus ojos destellantes, tu mirada vivaz y tu dulzura para contestarme el teléfono, cómo olvidar las canciones de Jinsop que tanto te gustaban, el vestido blanco que con fervor planchabas para lucirlo impecable, la minifalda que usabas, de esa época de romance, y tu sopa amorosa que a la familia entera sustentó.
Hoy que te vas, tengo que decir que en la constitución de esta mujer que hoy escribe esta despedida hay una extensión de ti, así como en la mayoría de tus sobrinos que crecieron bajo tu protección, por eso somos también tu obra.
Querida Emmita, mi princesita, mi amor, mi muñequita morena, no pudimos sostenerte más en esta historia y sin embargo, nos queda tu ejemplo de sencillez, resignación, y entrega para lograr que los tuyos consigan días mejores.
Emma, mi Emmita, me parece verte a lo largo de tu vida, entregando el bien desinteresadamente, me parece ver tu esfuerzo cargado a cuestas, como hormiguita laboriosa dedicada a llevar la ración de sustento, que en otro tiempo era todo para los tuyos, y descubro en tu fragilidad tu enorme fortaleza.
En estos días lluviosos de tu partida, me queda la impotencia de no haber sido lo suficientemente influyente, para lograr que te dieran un mejor trato en las horas de enfermedad, cuando tuvimos que suplicar por ayuda, en este mundo tan lleno de intereses mezquinos. Me quedo con un grito ahogado en mi garganta, con las manos extendidas suplicando ayuda para ti, para evitarte tanto sufrimiento. Siento este dolor, de no haber hecho lo suficiente, y sin embargo, no puedo cambiar el mundo tan lleno de frivolidad, de deshumanización, por eso, le pido al Supremo, que te reciba, que te acoja, que te de la luz y el amor que en esta tierra se encuentra escaso.
Mi querida tía, mi niña hecha de sal morena y flor exótica, tu familia te sigue amando, tu mirada de estrella no se apagará y le pido a Dueño universal, que te reciba en su luz, porque aunque en esta tierra tú ya no estás más, en el mundo espiritual tu viaje prosigue, y seguirás protegiendo a los tuyos. Hasta que volvamos a unirnos, elevo las oraciones que quepan en un corazón que siente tanto por ti, y me despido, tu sobrina que te quiere.
