Marco Montaño: el pincel y lápiz de Loja que trascendió fronteras

En el entramado cultural de Loja, resurge la figura insigne de Marco Antonio Montaño Lozano, un lojano de cepa que con pincel, lápiz y visión arquitectónica dejó una marca indeleble en el tapiz del arte ecuatoriano.

Marco Montaño, oriundo de la parroquia Sucre, demostró desde temprano un vínculo innato con el arte. Aquel joven, que en 1974 ingresó al Instituto Técnico Daniel Álvarez Burneo, pronto comenzaría a trazar líneas que lo llevarían a destacarse. No eran solo trazos, eran pedazos de su esencia que dejaba en cada dibujo, en cada caricatura. Con cada premio que ganaba, Loja ganaba también, al ver uno de sus hijos florecer con tal talento.

El Instituto de Cultura y Arte de la Universidad Nacional de Loja sería testigo de su evolución. Bajo la tutela del chileno Gerardo Sáez Muñoz, Montaño se sumergió en el dibujo, pintura y muralismo, técnicas que afinaría y llevaría consigo a lo largo de su carrera. Los muros y lienzos de Loja, y posteriormente de otras ciudades, comenzarían a narrar historias contadas por el pincel de Montaño.

En 1990, con su grado de arquitecto obtenido en la Universidad Central del Ecuador, Marco Montaño fusionó su sensibilidad artística con una estructurada visión arquitectónica, creando espacios y obras que no solo habitaban físicamente un lugar, sino también el imaginario colectivo de quienes los contemplaban.

1998 marcó otro hito en su vida, al ingresar como docente titular en la Carrera de Artes Plásticas. Aquí, su legado no solo se plasmaba en sus obras, sino también en las mentes y corazones de jóvenes artistas sedientos de conocimiento y pasión.

Las salas de exposición, tanto nacionales como internacionales, se iluminaban con sus creaciones. Pero Marco Montaño no

se limitó al lienzo y al papel; el espacio público también se convirtió en su galería, mostrando proyectos de arte que tocaban las fibras de la comunidad, conectando el arte con la cotidianidad de la gente.

Hoy, como lojanos, rendimos homenaje a Marco Montaño, no solo como un artista y arquitecto excepcional, sino como un hijo de esta tierra que, con su talento, puso en alto el nombre de Loja en cada esquina del mundo. Su legado sigue vivo, en cada línea, en cada pincelada, y en cada joven artista que encuentra inspiración en su trayectoria. Marco Montaño, el pincel y lápiz de Loja, vive y vivirá siempre en el corazón artístico de esta ciudad.