Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Si quieres sonreír y no puedes, danza; el mundo danza desde la luz primigenia; un arte ancestral como el llanto, distintivo como el habla; la danza. le da forma a la historia del pensamiento, es la geografía nacida del cerebro colectivo de nuestra especie; es el cénit de la creación la más bella creación comunitaria.
De las cuevas de Altamira a los festines de Versalles, de los remolinos de los derviches a la moda del TikTok, la danza es caza, guerra, aguacero, trueno, salida, agonía, sepelio, galanteo, cópula, astro, sol y luna; bailas para nacer y para morir, para sanar y para cosechar, para la unión y para la fertilidad; la danza revela la idiosincrasia de los pueblos, su identidad, su destino y su temple; la danza te comunica con la divinidad, provoca exaltación psíquica, manifestación erótica, es el lenguaje de la interioridad; es la transfiguración estética de lo terrenal a lo celestial.
Es una armonía vencemos a la nada nos tornamos dioses, hechos del espacio, creando el espacio; lo absoluto como la existencia de las cosas en simultaneidad; una movilidad que crea el cuerpo, no la palabra, qué amolda las dimensiones de la vida; es un movimiento que te lleva de la ingenuidad a la reflexión, de lo natural a lo artificial; un flujo de conocimiento y expresión, un fenómeno divino ordenado bajo el ritmo carnal, la estructura inmulable de lo vital, una categoría subliminal; representa al ser continuo, al ser limitado, al ser tridimensional, al ser homogéneo, al cuerpo humano, a sus movimientos y al espacio.
Para la elevación del cuerpo hay que pisar tierra y volar con la cabeza, para que un bailarín encuentre su centro tiene que buscarse a sí mismo, debe crear el espacio con la energía del cuerpo hasta Irradiar sobre sus espectadores; por eso hay que presenciarla, por qué es efímera y embriagante en su clímax; el bailarín trasciende porque no se enfoca en lo objetivo, si no que se eleva a lo más abstracto, tiene como propósito abolir lo dado como norma como un pas de deux y crear el tableau vivant del mundo; la inventiva al servicio de lo específico, la imaginación como el recurso innato que derrumba los caminos trillados.
Rotación, distribución, postura, transferencia, colocación, contra balance y aplomo; el lugar, la gravedad, el cuerpo, la fuerza muscular, la luz, el sonido y las cosas desaparecen cuando la danza se impone sobre lo material, su vida rítmica es creada artísticamente en el plano de lo sublime que emana del alma; la otra dimensión que solo es tangible para el espíritu; en el arte simbolizado, revelado y por fin, otorgado para ser vivido.
La bailarina antes de ser artista es musa y se convierte en poema; antes del primer paso solo queda su figura como único espacio, sutil, casi intangible, un dinamismo que tiene la serenidad de un adagio, la percepción de fragilidad, un cuerpo convertido en puro espíritu; la bailarina gira lentamente, mueve sus brazos, agitándolos como alas o como garras, siendo transformada en una criatura animal delicada a través de la imaginación, qué desborda los límites de la imaginación, que desborda los límites de lo físico.
Lcdo. Augusto Costa Zabaleta
Ced. # 1100310455
