La alegría de una buena noticia

P. Milko René Torres Ordóñez

Las preguntas nos ayudan a mejorar la comunicación dentro de una organización o equipo. Crean un ambiente de reflexión y estimulan la búsqueda de respuestas. Sin ninguna duda, las preguntas son esenciales para desarrollar o potenciar la creatividad y la innovación. Esta es una opinión común. De fácil comprensión.

En el ámbito de la Sagrada Escritura las preguntas son una parte importante de nuestro crecimiento interior para buscar respuestas y acercarnos al misterio de Dios. En la cercanía de la Navidad las preguntas emergen desde la profundidad del deseo del hombre que quiere respirar el aire limpio de la paz que trae Jesús. De modo gradual, los profetas como Isaías, reciben dones y encargos de parte de Dios. Son cuestionamientos muy determinantes en la vida de cada hombre. El autor sagrado expresa que el Espíritu del Señor Dios está sobre él porque lo “ha enviado para dar la noticia a los pobres, para proclamar un año de gracia…”. Hoy necesitamos dar respuestas positivas para entregar alegría a muchos hermanos que sufren. ¿Dónde ha quedado escondida la justicia? Tanto más que recuperarla, debemos valorarla siempre. La justicia divina es aquella que nunca falla. La alegría de la buena noticia la comparte san Pablo en su exhortación a la comunidad de Tesalónica: “Estén siempre alegres. Sean constantes en la oración…den gracias en toda ocasión porque esta es la voluntad de Dios…”. No perdamos la paz. Muy pronto llegará nuestro Señor Jesucristo. En la dinámica de los interrogantes, san Juan presenta una cristología, muy propia de un hombre de fe, contemplativo en la acción. En su prólogo menciona al testigo de la luz que es Juan El Bautista. Él tiene una misión: dar razón de la luz para que todos crean por medio de él. Como tal, responde a varios interrogantes acerca de la existencia de Alguien que ha venido con la finalidad de cambiar actitudes, corazones y pensamientos. Nos corresponde a nosotros, con experiencia de fe, interrogarnos. ¿Quién es Jesús en nuestra vida? ¿Lo esperamos? ¿Es la luz que ilumina cada instante de nuestra existencia? En la antesala de su venida nos interpelamos: ¿Qué he hecho por Jesús? ¿Qué hago por Él? ¿Qué voy a hacer por Él? El Papa Francisco invita a hacerse pequeños para ir al encuentro de Jesús, para descubrirlo allí donde nació. El Emanuel, el Dios con nosotros. El Pontífice señala que “si realmente queremos celebrar la Navidad, redescubramos a través del pesebre la sorpresa y el asombro de la pequeñez, la pequeñez de Dios, que se hace pequeño, no nace en el esplendor de las apariencias, sino en la pobreza de un establo. Para encontrarse con Él hay que llegar allí, donde está; hay que rebajarse, hacerse pequeño, dejar toda la vanidad, donde está Él. Y la oración es la mejor manera de decir gracias ante este regalo de amor gratuito, de decir gracias a Jesús que desea entrar en nuestras casas, que desea entrar en nuestros corazones”. Los caminos de fe nos llevan a vivir con alegría. La esperanza tiene el color de la luz. El tiempo de espera llega con bendiciones para llenar con paz y sobriedad nuestra historia.