Cada tiempo vivido…

Benjamín Pinza Suárez

Cada tiempo vivido es un recuerdo que se queda prendido en el filamento de una nube solitaria o quizás, en la presilla de algún bosque escondido o, talvez, en un poste de romerillo, testigo fiel de arrieros, de trotamundos, de soñadores y de caminantes buscadores de horizontes.

Cada tiempo vivido es una prueba, una acción y una lección. Es un cuaderno que registra en cada página los pasos dados, los días aprovechados y los desperdiciados, las insólitas caídas y los golpes recibidos, las noches de los desvelos, las pendientes agobiantes y el premio de poder contemplar los nuevos amaneceres con anhelos de porvenir.  

Cada tiempo vivido es cimiento y simiente porque sobre el cimiento se continúa construyendo el presente y el devenir y sobre él, la semilla crece, florece y se multiplica, convirtiéndose en soporte y guía de empeños, de querencias, de metas por alcanzar y de sueños por conquistar.  Cada tiempo vivido es una rica y gran escuela que nos deja lecciones que aprender, experiencias que recoger, tareas que revisar, dudas por resolver, interrogantes que responder, aciertos de qué aprender, rutas que corregir y senderos a seguir.  

Cada tiempo vivido nos obliga a desandar lo andado porque es el límpido espejo que nos invita a mirar lo que fuimos, lo que hicimos, lo que ganamos y lo que perdimos. Cada tiempo vivido si bien es una forma de evocar el ayer, es, ante y sobre todo, la indispensable necesidad de registrar con serenidad y sabiduría esa etapa recorrida de vida para poder seguir caminando con mayor firmeza y decisión en la dura pero noble tarea de hacer de nuestra existencia, la mejor siembra en pro de una sociedad con rostro humano, en donde los valores se fortalezcan, los buenos sentimientos  florezcan, la fraternidad se multiplique, las acciones solidarias se magnifiquen y el amor  se expanda y caiga como polen en el alma de cada viandante.

Cada tiempo vivido es un regresar a ver a aquella casa blanca con aleros de teja que cobijó con encanto la primera, bella y traviesa travesía de la vida, teniendo como símbolos de amor profundo a esa pareja de semblante cálido, amoroso e inmortal que llena y baña el corazón de los hijos con la límpida escarcha de los rojos y puros sentimientos. Cada tiempo vivido es un evocar aquellos momentos de mayor impacto emocional que, al recrearlos, nos conmueven, inquietan, enternecen, impresionan y apasionan. Es que todo lo vivido siempre será un cofre de gratos e inolvidables recuerdos, recuerdos que se quedan estampados cual galerías inmarcesibles de retratos en el alma de cada ser humano. Por eso es que se ha dicho con mucha razón que “recordar es volver a vivir”.

Que este nuevo año sea el eslabón irrompible de renovadas y saludables formas de vivir, sentir, pensar, actuar y caminar. Que se imponga el amor ante el odio, la sensibilidad ante la indolencia; que aprendamos el arte de construir ambientes de convivencia entre hermanos; que desterremos toda clase de sabandijas que nos destruyen por dentro, sin permitirnos entender, respetar y valorar a los demás; que hagamos de Loja y de este querido Ecuador, la promesa de honor de encontrar juntos, salidas de esperanza y de confianza, de siembra y de cosecha, de aires frescos, de espléndidos amaneceres y  de regueros de sabia nutricia en bien de  nuestro presente y de nuestro ansiado devenir.