“Cuando llora mi guitarra”

(Luis Antonio Quizhpe)

     Así titula el poeta y compositor peruano Augusto Polo Campos a una de sus canciones que ha merecido la atención de las más refinadas voces de Latinoamérica y el mundo, que la han cantado con peculiar estilo, siempre apelando al sentimiento humano. Incluso nuestro Julio Jaramillo llegó a la cima del éxito interpretando este valse romántico.  

     Con versos heptasílabos y con acentos constituyentes en la segunda y sexta sílaba, desgarra su alma el poeta: Cansado de llamarte/ Con mi alma destrozada/ Comprendo que no vienes/ Porque no quiere Dios.  Con este canto, el ayacuchano trovador da la razón al ser amado que no se acerca a él porque el Supremo no lo permite. Y como todo depende de Él, se resigna, dejando en suspenso una larga espera.

     Y al creer que a lo mejor todo está perdido, le hace oír su voz lastimera, a través de la guitarra, para que, por lo menos, escuche sus sentidas cuitas de amor: Y al ver que inútilmente/ Te envío mis palabras/Llorando mi guitarra/Te deja oír su voz. Es decir, le envía su voz sentida a través de la guitarra para que su amor escuche las plegarias de cariño.

    Pero esa larga espera, le desespera al poeta, quien desgarra su dolor de ausencia en aquel madero con forma de mujer. Con voz lastimera le confiesa que aún la quiere, que todavía la espera y que moriría si ella le niega su amor: Llora, guitarra, porque eres mi voz de dolor/Grita su nombre de nuevo, si no te escuchó/Y dile que aún la quiero, que aún espero que vuelva/Que, si no viene, mi amor no tiene consuelo/Que solitario, sin su cariño, me muero.

     Al fin hace una imprecación a la guitarra, ser inanimado que solo cobra vida cuando los prodigios y la finura del artista conjuga en el preludio, interludio y postludio, una amalgama de sonidos melodiosos que palpitan con el tono, el timbre, el compás, la armonía y la intensidad. Lo que produce un inusitado placer estético que apela a las sensaciones del oyente: Guitarra: Tú que interpretas en tu vibrar mi quebranto/Tú que recibes en tu madero mi llanto/Llora conmigo, si no lo vieras volver.

     En fin, es un tema lastimero, trágico quizás, por medio del cual el poeta da diciendo lo que el común de los mortales no puede. Conjuga muy bien el autocontrol y la autoconciencia como corolario a una vida plena; no es frío ni distante, intenta dominar las emociones negativas para alcanzar la felicidad, por medio de la resignación y la espera. Auténtica filosofía estoica, que nos dejó el ayacuchano Augusto Polo Campos, quien se fue de este mundo, en el tramo 86, el 17 de enero de 2018, pero, quedó latiendo su canto inmortal.