Campos Ortega Romero
En la capital de los ecuatorianos, en noviembre de 1791, se inauguró la Sociedad Patriótica de Amigos del País de Quito, consignada a promover las artes, la ciencia y las letras. El órgano de información a la ciudadanía fue Primicias de la Cultura de Quito, llegándose a publicar siete ejemplares, el último, el 29 de enero de 1792. Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz Espejo (1741-1795), fue secretario de la Sociedad Patriótica y redactor único de Primicias de la Cultura de Quito, formidable instrumento de difusión de sus críticas, siendo elogiado por el Mercurio peruano y por el Papel Periódico de Bogotá. Marcando un hito en la historia del Ecuador, a este periódico se le atribuye haber sembrado la semilla de la libertad en los ecuatorianos. En esta fecha se conmemora el Día del Periodista ecuatoriano, para exaltar las ideas libertarias, herencia de Espejo, precursor y prócer de la Independencia americana.
Por ello debe ser que el periodismo apoya y siempre estará a favor de la liberad de los hombres y mujeres que habitan en la tierra de sus mayores por siempre y para siempre, para conducirnos a la libertad de expresión y constituirse en un oficio que valora y protege la libertad de opinión y de prensa, y que lucha contra cualquier intento de censura o restricción de la libre expresión, para establecerse en un medio de difusión colectiva para fomentar la pluralidad de voces y perspectiva en la sociedad, elemento esencial para el funcionamiento de una democracia. El periodismo debe y tiene que ser una herramienta que promueva el diálogo y el debate entre diferentes sectores de la sociedad.
El periodismo actual debe y tiene la responsabilidad de denunciar los ataques a la libertad de expresión, en sus diferentes formas de censura, amenazas, agresiones o cualquier otra forma de limitaciones del derecho a la libre expresión. su presencia es esencial para la defensa de los derechos humanos, para denunciar las transgresiones de derechos y visibilizar los problemas sociales, políticos y económicos que afectan a las personas y comunidades vulnerables.
El periodismo es y debe ser manifestación y forja de cultura, no se puede o no se debe oficiar en este altar del periodismo con las manos manchadas, con el corazón ennegrecido y con el cerebro henchido de paja y de basura. No es periodismo culto el que hace silencio frente a todos los errores y a todos los fracasos que afectan a la vida de un país, y no es culto por más que tenga un lenguaje y vocabulario correctos y complacientes. Si hemos de medir el grado de cultura del periodismo por el grado de oportunismo político, sería preferible renunciar a nuestra condición de hombres y mujeres al pensamiento y a la racionalidad.
Juan Montalvo, nuestro gran Montalvo, señalaba: “es necesario que el periodista, sea instruido, medido, cuerdo, prudente, comedido, avisado: he aquí los dotes del periodista que se propone mantener en sus puntos los derechos, abogar por la libertad y difundir las luces civilizadoras”
Montalvo acusa. Pero no traicionaba a ninguna de estas normas cuando arremetía contra los malandrines, cuando combatía a los déspotas, cuando saca a luz las vergüenzas de una desorganización política, económica y social. Montalvo no traicionó a la cultura, no traicionó a la Patria cuando insultó implacable y sangrientamente. Cierto que el insultador debe ser un genio para no ser una pobre verdulera; pero de todas maneras queremos probar que la cultura del periodismo no está en sacrificar la libertad del pensamiento, no está en buscar el servilismo; la cultura del periodismo está en la lucha que mantiene un nombre de un mejoramiento social, en nombre de la prosperidad y la justicia.
En estos tiempos de neoliberalismo y globalización, es necesario recordar a Mario Benedetti y su sentencia: “defender la palabra como una trinchera, defenderla del escándalo y la rutina, de la miseria y de los miserables, de las ausencias transitorias y las definitivas, defender la palabra como un principio, defenderla del pasmo y las pesadillas, de los neutrales y de los neutrones, de las dulces infamias y los graves diagnósticos. Defender la palabra como una certeza, defenderla del óxido y la roña, de la famosa pátina del tiempo, del relente y del oportunismo, de los proxenetas de la risa. Defender la palabra como un derecho, defenderla de dios y del infierno, de las mayúsculas y de la muerte, de los apellidos y las lástimas, del azar y también de la palabra”.
Con respeto y consideración saludamos a las y los periodistas de la ciudad y provincia de Loja, recordando al Maestro: Gabriel García Márquez, que señalaba: “que el periodismo es el mejor oficio del mundo. un comunicador puede desempeñarse como periodista siempre y cuando esté comprometido con la verdad, tenga habilidades y competencias para contar historias, le guste la investigación, valore la memoria social, reconozca las voces diversas y actué en consecuencia”. Salud periodistas lojanos en su día, con mis mejores recuerdos, Así sea.
