Esta es la historia de un libro y su autor que nace allá por 1972 cuando Gamaliel Satama Orosco fue compañero del Bernardo Valdivieso. Con él mantuvimos una linda amistad desde que nos sentamos en la misma banca para recibir las clases de química del doctor Ochoa, de matemáticas del licenciado Zárate, de inglés con Quillo Encalada, o las de biología con el doctor José María Cisneros que, cuando estaba de humor nos decía: “vamos bajando”.
Gamaliel llegó a pata a Gualel por 1985 cuando yo era profesor. Él estaba graduado en Medicina y Cirugía en la Central del Ecuador y ejercía su profesión en libertad. Luego de recordar viejos tiempos del Bernardo, me habló de que estaba trabajando en un libro que se llamaría Hiervas que curan, en el que haría un estudio sobre las propiedades curativas de las plantas, ya que está dedicado al tratamiento de enfermedades con terapias alternativas. Por lo que me invitó que le acompañara a la laguna Suriguiña, donde había un jardín botánico.
Llegamos a la fuente, con el profe de ciencias naturales y dos alumnos de sexto curso que soñaban estudiar medicina. La laguna era misteriosa, ahí un rico de Cuenca había perdido una paila de oro, a un negrito de Catamayo se lo había tragado y una doncella se bañaba desnuda a las 12 del día. Por eso arribamos con miedo. Ya en la orilla, Satama nos dio valor para entrar en el jardín.
Me quedé abismado de la sabiduría de Satama. Nos rezó como el bendito: la corteza de cascarilla es buena para las fiebres intermitentes, con el cardo santo se hace terapia neural, la canchalagua es buena para el paludismo; el boldo cura el hígado, la vesícula y las vías biliares, la berenjena tiene propiedades hipotensivas y antihemorroidales, el arrayán es útil en inflamaciones bronquiales y dolor del tórax. Y en broma remató: si sufres de hemorroides, siéntate en la flor de Cristo y verás lo que te pasa.
El libro Hiervas que curan es un estudio con rigor científico de más de 150 plantas que curan, quizás, el mismo número de enfermedades o más. Cada una está descrita taxonómicamente, el principio activo, la parte a utilizarse, las indicaciones para su aplicación y la forma de preparación. De modo que cualesquiera puedan realizar su mejoramiento personal. Tanto éxito tuvo el libro que ríos de gente desahuciada iba donde el “doctorcito Satama”.
Participé en la presentación del libro en el 2005 con mi conjunto folklórico. Cantamos Plantitas de buen sabor para quitar el dolor, / plantitas de buen sabor y un beso para el amor”. El público como que entró en onda. Se leía en sus mentes como que todos querían el libro. Más aún cuando pronunciamos “menta, malva escancel, pena pena y toronjil, / canchalagua, diente de león, manzanilla con el llantén, / plantitas de buen sabor para quitar el dolor.
Ahora veo la contraportada de Hiervas que curan y allí está Gamita vivito y coleando, con su rostro trigueño, frente amplia y limpia, cabello lacio como espinas de cacto, ojos vivaces y cansados de tanto estudiar, bigotes de Charles Bronson, Su mandil blanco impecable me da la impresión que hace instantes, en el aula magna de la U. Central, rindió su juramento hipocrático.
