Esta es la novela de Huilo Ruales Hualca: Los Kitos Infiernos Edén y Eva, premio César Dávila Andrade, editada en 2012. Al adentrarse en sus páginas nos topamos con dos ideas conexas: 1) Los Quintos Infiernos y Adán y Eva, que sería el dogma judaico-cristiano, enraizado en la cultura católica. 2) Los Kitos Infiernos Edén y Eva se entiende como el averno donde van los pecadores en el Juicio Final, a vivir pagando sus penas eternamente. Adán y Eva son dos criaturas que puso Dios en el Paraíso Terrenal para que gocen de él. Pero en la novela, es “edén”, escenario, contrario al cielo, o sea, el infierno.
“Los Kitos Infiernos” (con mayúscula), proposición irónica que desbarata el mito de “Quito, la Carita de Dios”. Con “Los Kitos Infiernos”, en plural se refiere al inframundo de Quito, Guayaquil, Manabí, Kancún o cualquier ciudad del mundo, donde ronda el hampa, el crimen, los geys, las putitas, los proxenetas, las drogas, el hambre, la miseria. Y, “Edén y Eva”, frase irónica, porque el escenario principal, Quito, no es ningún edén, es más bien, una cloaca que apesta, donde solo puede vivir la gente del bajo mundo.
La historia vertebra entre Eva la Loca y Milo el Grafiterio, en primera instancia, luego vendrán los amoríos de Eva con Jonathan, Emilio, Manuco y otros. También, el romance de Jonathan con Isabela, de cuyo amor nace una hija que la remontan a un internado en Suiza. De ellos emergen una especie genealógica extensa, la cual gira y gira en un Quito semicolonial llenecito de burdeles, moteles, cantinas repletas de borrachos, hoteluchos que apestan, ancianatos, manicomios, parques malolientes, bulevares de mala muerte, fonduchas llenas de moscas, calles putrefactas con vaho a orines y excremento.
Pero en este ambiente de una diversidad de personajes flotan dos ideas paralelas. 1) el amor y el deseo desenfrenado como algo vital, entre Eva la Loca y sus amores, empezando por Milo el Grafitero, luego el Jonathan Strauss (francés que es todo un bombón), Emilio con quien recorrió Latinoamérica y el mundo, aunque en uno de sus viajes muere. 2) el arte y su práctica cotidiana, pues, el teatro, la danza, el cine, la pintura y la literatura arde en las venas de Eva María y en los personajes que le rodean.
El escenario central de la novela es Quito que, con tono irónico el autor designa los Kitos (con k) y en plural, para referirse a todos los estratos sociales de Quito (con Q) del bajo mundo, donde el arte callejero como el teatro, el canto, el baile, la recitación, la fotografía es nada para la aristocracia ignorantona. También hay otros escenarios como El Ejido, Cotocollao, Zuleta, paraíso andino con una naturaleza divina, llena de indios con ponchos de arcoíris. Pero el medio central de la novela es la “Kofradía”, recinto donde se reúnen los artistas populares para hacer arte en vivo, llamado Dado Redondo.
Los Kitos Infiernos Edén y Eva de Ruales, es una novela de alto contenido erótico/estético, con estilo satírico y lenguaje intenso, no apta para puritanos, porque sus personajes fornican como si estuvieran en el Paraíso Terrenal y caminan con un vaho orgásmico. Está ambientada en los años 60, 70 y 80s, es decir, cuando la “carita de Dios”, erigida sobre los cimientos de una antigua ciudad inca, empieza su desarrollo en lo material, económico, político y cultural hasta convertirse en una metrópoli de más de 2 millones de habitantes.
