Los devotos de San Lázaro: Hugo González Carrión

María Antonieta Valdivieso C.

Los devotos de San Lázaro, Viaje al mundo de la fealdad luminosa, es el título de la obra de este distinguido lojano (1960), médico de profesión y escritor por ancestro y vocación, residente en Francia, editada por la Universidad Técnica Particular de Loja, en abril de 1923. El autor ya tiene a su haber dos obras publicadas por la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, Núcleo de Loja: La Virgen de la Piedra Negra, 2005, y La Confesión, 2009.

Según Patricio Aguirre, quien escribe el prólogo de la novela, Los devotos de San Lázaro “contiene una historia que deja distinguir la inclinación del autor por las causas sociales y al mismo tiempo su interés por la vida de los pueblos abandonados de nuestra provincia”.

Los hechos relatados en la obra, según González Carrión, transcurren en la década de los años setenta, en donde se suceden gobiernos militares, quienes con ciertas ideas progresistas y también partidistas, crearon organismos de desarrollo como Foderuma, adjunto al Banco Central, cuya misión era el financiamiento de proyectos agrícolas y afines en el área rural, dirigidos especialmente a los pueblos más remotos de la frontera; y, concienciando, a las mujeres sobre su rol en la sociedad y la importancia de su aporte para salir de la marginalidad .

También habla de la época del presidente Roldós, ya en los años ochenta, y con el regreso a la democracia, de su mentalidad abierta, de su compromiso social y de su ideología liberal, “un hombre de dimensión política panamericana que simbolizaba el espíritu de un país que quería reconstruirse con dignidad, aunque su proyecto profundamente nacionalista se transformó en quimera que dejó frustrado a una gran mayoría de sus compatriotas”, pues lamentablemente murió junto a su comitiva, en un dudoso accidente aéreo, no esclarecido aún.

Durante sus vacaciones universitarias, el protagonista participa como voluntario de Foderuma para impartir cursos de atención primaria sobre la salud; es asignado a trabajar en un caserío denominado Cuatro Vientos, ubicado en una loma, y hacia donde no existe una vía carrozable, llega después de dos días de un extenuante viaje, a lomo de un lento y cansado asno. Lo primero que ve al llegar al caserío es una vieja imagen de San Lázaro, patrono del pueblo.

Narra en primera persona su encuentro con los lugareños, que son personas sumamente amables, pero que sufren tremendos dramas humanos: Esther, que es una mujer de gran fuerza y dinamismo, presidenta de la asociación de mujeres, madre de tres hijos y casada con Malaquías, un enfermo de lepra. Otro personaje relevante es Delicio, un muchacho de entre 12 y 14 años, quien lo acoge en la escuela Matilde Hidalgo de Procel, que será el lugar de su residencia y en donde impartirá sus clases. Pronto se da cuenta que Delicio sufre una tremenda cojera, causada por la poliomielitis, pues no había sido vacunado. Le cuenta que es huérfano y que se había criado con su abuelo.

Casualmente conoce a Vitelino Rojas, padre de Malaquias, quien es un enfermo de lepra registrado en el Ministerio de Salud, dueño de un trapiche, a Juana, su esposa, quienes lo acogen con toda cordialidad y le brindan el aguardiente destilado por el propio Vitelino.

Las clases son acogidas con todo entusiasmo, acuden especialmente mujeres, de diferentes edades; pero pronto el doc., que es como lo llaman los lugareños, considera que es un grupo humano que necesita un trato especial, que tiene que cambiar su lenguaje académico a uno sencillo y coloquial para ser entendido y comprendido.

Se da cuenta que son lugares desolados, que gran cantidad de sus habitantes han abandonado su terruño a causa de la sequía de los años sesenta, en un éxodo masivo hacia las grandes ciudades, en donde pasan a formar los cinturones de pobreza.

Son pueblos abandonados que carecen de lo más indispensable, como es el agua potable, vías de acceso, servicios médicos, sufren de explotación en la venta de sus productos, pues les pagan precios irrisorios por ellos.

Esther es un ser excepcional, no solo es líder de un grupo de mujeres, sino una gran madre y esposa, puesto que tiene que tratar con Malaquías, quien sufre de una avanzada lepra, que le ha desfigurado la parte izquierda de la cara. Las clases continúan y cierto día le toca, casualmente, hablar sobre la lepra, que es un tema tabú, solo hablado en voz baja. Le resulta difícil tratar el tema, pues varias mujeres tienen en sus casas familiares que sufren este mal.

Al final de la clase Esther se queda para comunicarle que le tenían preparada una velada de despedida, pero en realidad de lo que quería hablar era sobre la situación de Malaquías, su marido, quien aparte del terrible mal que le aqueja, se ha convertido en un alcohólico. Le pide que hable con él para que lo persuada de continuar con el tratamiento medicinal y que deje el alcohol que les está ocasionando tanto daño a ella y a sus hijas.

Antes de lo esperado acude Malaquías a conversar y su confesión es patética, se sincera sobre la terrible situación que le toca vivir por la desfiguración facial que tiene a causa de la lepra, cuenta cómo le rehúyen, cómo es discriminado, el recelo que tiene la gente por temor al contagio, los terribles efectos de la medicina; todo ello lo ha llevado a refugiarse en el alcohol, parar olvidar un poco sus pesares.

Llega el día de la despedida, lo hace con pena y nostalgia, pero con el compromiso de tratar de ayudar en lo posterior a mejorar las precarias condiciones de vida existentes. Previamente junto con los pobladores del lugar construye una letrina, para aliviar en algo las pésimas condiciones higiénicas en que viven en estas lejanas regiones de la provincia.

La pregunta es ¿han mejorado las condiciones de vida de los habitantes de estos remotos parajes? Para contestar me voy a remitir a datos estadísticos publicados en la revista Mundo Diners, enero, 2024: en lo que se refiere a Pobreza por Necesidades Básicas Insatisfechas, lo que incluye vivienda salud, educación y empleo, en 1990 la población rural no cubría el 71% de sus necesidades básicas; en el año 2022 el 46% de la población aún no cubre dichas necesidades.

En cuanto a la lepra, según la OMS “los casos de lepra o enfermedad de Hansen han disminuido en un 30% en los últimos 20 años, en la región de las Américas”.

Una corta novela de denuncia, de realismo puro, pues describe una precaria y conmovedora situación socioeconómica en una determinada época de nuestro país; narrada con una prosa que fluye fácilmente , que se podría decir que el autor, escribe como habla: con descripciones muy gráficas, muy vívidas, con introspecciones personales, con dudas existenciales, con reminiscencias de su niñez, con notas autobiográficas que tienen dosis de nostalgia. Por otra parte nos comparte una experiencia personal y una realidad vivida in situ, que nos permite conocer el atraso y pobreza extremos, que como hemos visto por los datos citados, aún vive un buen porcentaje de la población rural ecuatoriana.

Como dato adicional me voy a referir a la reedición de la novela Confesión, ahora denominada Confesión sin tutela, cuyo lanzamiento se realizó el miércoles 16 del presente mes, en el Centro Cultural La Maternidad; felicitaciones a Hugo y éxitos en este nuevo reto literario.

Loja, 18 de enero del 2023