P. Milko René Torres Ordóñez
Juan el Bautista ha protagonizado durante varias semanas algunos acontecimientos que nos han introducido en el misterio de Jesucristo. Los hechos que transcurren en la Historia de la Salvación contienen un arco dramático que impresiona. San Marcos narra con un lenguaje lleno de colorido, al estilo periodístico, aquello que conoció, recibió y vivió. Jesucristo es el centro de todo. Juan el Bautista ha sido arrestado como consecuencia del cumplimiento de su ser profético.
Denunció el pecado de adulterio de Herodes y Herodías. Salomé fue el instrumento cruel y libertino que ofreció en bandeja de plata la cabeza del profeta. Este hecho, que no tiene parangón con la conciencia inescrupulosa de los poderosos, refleja realidades que suceden en nuestra sociedad. Jesús de Nazaret camina por la orilla del lago de Galilea. Nunca será difícil imaginar los comienzos de su ministerio público. En sus labios vibra con intensidad el anuncio del mensaje de la llegada de algo esperado: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca”. La fuerza de su palabra enciende el anhelo de empezar a vivir un mundo en plenitud: “Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”. Dos verbos. El primero: “Arrepentirse”. Implica sentir pesar por haber hecho o dejado de hacer algo, o cambiar de opinión o ser consecuente con un compromiso. El segundo: “Creer”. Significa tener algo por cierto sin conocerlo de manera directa o sin que esté comprobado o demostrado, o tener a alguien por veraz. Estos términos refuerzan la intención de Jesús que entrega a la humanidad el “Evangelio”. Él es la Buena Noticia. La misión, que Jesús empieza, requiere de un soporte comunitario. Necesita de amigos y compañeros. Se encuentra con gente sencilla. Conoce a Andrés, Juan, Santiago y Simón. La escena, al tiempo de ser costumbrista, evoca un ambiente conmovedor. Ellos son pescadores. No tienen nada de especial. Son trabajadores del mar. Como tantas personas que se ganan la vida con esfuerzo. Los pescadores son importantes para Jesús. Su vida va a cambiar. A partir de este encuentro van a cumplir una tarea trascendente: “Ser pescadores de hombres”. No nos sorprende esta particularidad. El ser humano ocupa el primer lugar en el proyecto de Jesús. Él vino para llenarnos de una vida en plenitud. Su contacto con la gente sencilla lo hace diferente. Llama a los que quiere. En su corazón hay lugar para quienes tienen buena voluntad. Los limpios de corazón. “Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”. El mundo en el que vivimos no puede prescindir de Dios. Tampoco de su palabra. Al margen de la soberbia, que puede envolverle, siente la urgencia de una proclamación que le transmita muchas buenas noticias. Dios, en quien creemos y con quien convivimos, forma parte del buen deseo de conversión. Nos corresponde aceptarla. La conversión es una tarea que exige confianza, humildad y paciencia. Tanto más que una actitud propia de cada cristiano, representa reconocer que podemos hacer mucho en bien de la humanidad. La conversión es un proceso. Es disciplina, fidelidad y perseverancia. La misión del pescador de hombres es llenar el vacío del hermano que se encuentra inmerso en el mar de las pruebas y de la inseguridad.
