Por Ruy Fernando Hidalgo Montaño
Ecuador presenta, ante los ojos del mundo, un panorama desolador, lo que ha originado que varias naciones del orbe se solidaricen con nosotros y además nos ofrezcan su apoyo en la guerra que estamos librando todos contra el narco y las bandas terroristas —que llenan de miedo y sangre las calles del país—. Toda esta lamentable situación ha obligado al actual gobierno a tomar medidas urgentes y extremas para de alguna manera tratar de contener a las fuerzas criminales que aterrorizan el suelo patrio.
La crisis que afrontamos, por culpa de estas mafias, conlleva un drama humano sin antecedentes en nuestra historia; nunca antes se había declarado mediante decreto ejecutivo un conflicto de carácter interno, con las consecuencias que esto acarrea, el quebranto de economía, a nivel macro y a nivel micro. La macro economía se ve afectada, porque el Estado se verá en la penosa necesidad de buscar de forma inmediata fuentes de financiamiento para solventar este conflicto interno que sobrellevamos, y micro economía ya empieza a experimentar una sensible baja en sus entradas debido al toque de queda vigente, lo que ha reducido drásticamente su sustento diario, tanto así, que los dueños y trabajadores que desarrollan sus actividades por la noche, le han solicitado al jefe de Estado flexibilizar la medida del toque de que queda, y el presidente quizá cuando este comentario llegue a ustedes mis queridos lectores, seguramente ya habrá tomado una decisión al respecto, que espero sea la mejor.
En otro aspecto en que el país se ve perjudicado por esta circunstancia, es en la imagen internacional, pues el planeta nos mira de forma lastimera y se abstienen de visitarnos por salvaguardar su integridad. y los grandes perdedores son los negocios relacionados al sector turístico, pero como nos van a visitar, con esa tremenda lacra en la faz nacional, que representa ser el país más inseguro de la región y el número once a nivel mundial.
El drama que vive la Patria ha calado profundamente en las estructuras políticas y sociales y las sigue corroyendo. Son pocos y se los puede contar con los dedos de las manos, los individuos que cuando asumen cargos de poder, muestran una integridad a toda prueba. La gran mayoría se aprovecha de esos cargos, para beneficio personal o de sus allegados, postergando los intereses y hasta a veces los méritos del resto de la población.
Se vienen tiempos difíciles para todos y debemos estar preparados para ellos. Dios quiera que superemos, cuanto antes, este triste drama que vive la Patria depende de todos que lo hagamos.
