César Augusto Correa
Hace unas 7 décadas se fundó la escuela “Quisquis”, en el barrio Yaguachi, cantón Chaguarpamba, por iniciativa y gestión de la señora Celia Mocha, quien fue además su primera profesora. La escuela creció, llegó a tener un profesor para cada uno de los 6 grados, fue atendida con un moderno local escolar de aulas prefabricadas, con cancha cubierta de uso múltiple, hasta que comenzó a declinar a consecuencia de la apertura y lastrado de una carretera, por la cual los niños pueden llegar a los planteles de la capital cantonal en el tiempo máximo de media hora.
A la fecha en la Escuela “Quisquis” quedan solamente 6 alumnos, con un solo profesor, que terminarán el año lectivo dentro de pocas semanas, al cabo de las cuales el plantel se cerrará por 3 años. De acuerdo con las reglamentaciones, después de 3 años lectivos se volverá a abrir las matrículas y según el número de matriculados, las autoridades decidirán si nuevamente le dotan de personal docente o si la suprimen definitivamente. Lo más probable es lo último, a menos que tengan éxito los esfuerzos de Diana Villacís, que está comprometiendo a algunos padres de familia para que dejen a sus hijos que estudien en la escuela del barrio.
Los padres de familia prefieren que sus hijos hagan el viaje diario a recibir clases en planteles mejor equipados, de la ciudad de Chaguarpamba, a hacerlos quedar cerca de casa, en un establecimiento unidocente.
Si bien existe la posibilidad de que los niños obtengan una mejor formación concurriendo a Chaguarpamba, la desaparición de la escuela redundará en una menor vinculación de los habitantes del barrio con actividades culturales, que con frecuencia organizan los planteles educativos. Algo que los políticos deben tomar en cuenta, para crear programas técnicos, científicos, artísticos y deportivos en beneficio de la población adulta de los barrios rurales, porque se trata de un fenómeno generalizado.
¿De qué viven los habitantes de Yaguachi?
El barrio Yaguachi se halla al norte de la ciudad de Chaguarpamba, a la que está unido por una carretera lastrada de 18 km; siguiendo hacia el norte se llega a Portovelo, en hora y media, pasando por Rosario. Los habitantes del barrio viven exclusivamente de la producción agropecuaria, en especial, de la venta de maní, café, cacao, maíz, plátano, ganado. El caserío está lleno de longevos y de niños, los jóvenes han salido, aunque muchos de ellos regresan en los momentos oportunos para primero desyerbar, luego sembrar, posteriormente para limpiar los cultivos y por último para cosechar, ya que sus padres, por la avanzada edad, no están en condiciones de hacer estas tareas solos, y porque no existen trabajadores para contratarlos.
Por la región no existen las suficientes vías carrozables, por lo que no se puede sacar toda la producción a la venta en Chaguarpamba. Por el bajo precio de las mandarinas, no se las cosecha, porque no se justifica económicamente hacer ese trabajo.
Prácticamente, en el barrio hay un solo artesano, el señor Victoriano Mocha, de 72 años de edad, que se dedica a tallar la madera. Hace utensilios y herramientas de madera de mango, como bateas, rodillos, cucharas, pilones para moler café, cabos de hacha o pico, bastones. Su afán artístico lo ha llevado a confeccionar una molienda en miniatura, con 48 piezas, entre las que se encuentran los trabajadores, el trapiche, la caña, el toro, el bagazo, el molde para hacer la panela, etc.

Gracias a la inversión estatal cuentan con la carretera, el edificio escolar y su cancha deportiva, agua potable, energía eléctrica, señal de internet, adoquinado de la única calle de unos 200m de largo. La empresa privada lo único que ha hecho en más de un siglo de existencia del barrio es construir viviendas precarias de una o dos plantas y realizar la explotación de la tierra con técnicas rudimentarias.
Hay un atraso técnico, económico y cultural del que es imposible salir sin una fuerte inversión y presencia del Estado. (I)
