La seguridad, un problema que todos sentimos y poco hacemos

luis_pineda47@yahoo.es

Los últimos siete años, en el Ecuador, han ocurrido acontecimientos que nunca imaginamos. La tasa de asesinatos por 100.000 habitantes, se multiplicó por cinco, tanto en las calles como en las cárceles. A ello debemos agregar: extorsiones, secuestros, atentados con explosivos y las “vacunas”. Como si fuese poco, el costo de los alimentos y materiales de uso diario son cada día más costos y los salarios siguen igual o disminuyen. Y, a ello podemos agregar un largo etc., de problemas y dificultades. Hemos llegado a tal extremo que es voz popular: estamos en un “segundo confinamiento”, luego de la cuarentena del Covid.

Como si fuese poco, los tres últimos gobernantes repiten la vieja receta de atacar a las consecuencias y no las causas de los problemas. Hemos llegado a tal punto que los ecuatorianos opinamos que los principales problemas actuales son: la inseguridad, el narcotráfico, la crisis económica y la mala política gubernamental.

¿Qué hay detrás de estos problemas que vivimos los ecuatorianos y la mayor parte de quienes habitamos el continente americano?

Juan J. Paz-y-Miño Cepeda, ayuda a profundizar en las causas de las crisis que vivimos los ecuatorianos:

“Ante este panorama, los gobiernos de América Latina no deberían dejar de considerar las enseñanzas de la historia. Pero eso es casi imposible de obtener cuando hay gobiernos identificados con aquellas derechas y burguesías beneficiarias del modelo neoliberal, el libertario o que logran el poder con presidentes empresarios. Son élites culturalmente cautivadas por el “American way of life” y por los viajes, estudios, departamentos, inversiones, compras o negocios que realizan en EE. UU. y que entrarían en riesgo si asumieran posiciones tajantemente patrióticas. De modo que la experiencia histórica de la región conoce que en esos casos prima la subordinación a la “diplomacia del dólar” y la incapacidad para advertir las variadas formas en que pueden ser afectadas la soberanía y la dignidad de sus propias naciones.

La historia apunta ahora a Ecuador. Al descalabro institucional con Estado reducido, heredado del gobierno de Lenin Moreno y Guillermo Lasso, se ha unido la explosión de los “holdings” de la narco-delincuencia, el lascivo acuerdo de cooperación militar con los EE. UU., que actualiza y moderniza las líneas del antiguo TIAR. Es cierto que el país no puede librar un combate aislado. Varios gobiernos han expresado su deseo de colaboración. Pero más fuerza han tenido los EE. UU., interesados en cubrir con sus estrategias de seguridad nacional a todo el continente, como en reiteradas intervenciones lo proclamó la general Laura Richardson, comandante del Comando Sur, miembro de la delegación que llegó hace pocos días a Ecuador y que ha ofrecido un “plan de cinco años” para la seguridad en este país. El acuerdo militar incluye disposiciones inconvenientes, ajenas a la materia central, que libra al personal civil o militar norteamericano del fuero legal ecuatoriano, dentro del territorio nacional, como bien lo han observado desde el exterior.
 
El problema rebasa lo estrictamente legal y jurídico. Tiene que ver con la confrontación entre latinoamericanismo y monroísmo, con el juego de fuerzas en las geoestrategias mundiales y, sin duda, con los cálculos políticos al interior de Ecuador. Todo ello no impide subrayar que, en lugar de subordinar la cooperación extranjera a los intereses nacionales, el acuerdo que suscribió Lasso implica hacerlo al revés. Por eso en Ecuador se pregunta ¿qué hará, finalmente, el presidente Daniel Noboa?”