La gran evolución del fútbol ecuatoriano

Por Ruy Fernando Hiidalgo Montaño

Para quienes amamos al denominado rey de los deportes, el fútbol, es motivo de satisfacción y orgullo, el grado de evolución que ha experimentado el balón pie nacional en los últimos treinta años. Y es que es una evolución que veníamos anhelando desde hace varias décadas, porque, sin duda alguna, el fútbol es el deporte con más arraigo popular en el Ecuador, tanto así que muchos políticos lo han utilizado como plataforma para catapultarse al poder.

Desde muy chico me entusiasmé por este maravilloso deporte, que a lo largo de mi vida me ha sacado lágrimas de alegría y de tristeza. Decía, anteriormente, que los de mi generación soñábamos con el momento actual, lo veíamos tan lejano, que parecía que nunca llegaría, pese a tener material humano de calidad, no lográbamos ningún resultado favorable a escala internacional y teníamos que conformarnos con leer en revistas, o escuchar por radio, todos los éxitos logrados por nuestros países vecinos tanto del norte como del sur: ellos concurrían a citas mundialistas, nosotros veíamos la fiesta fuera del ruedo, hablando en términos taurinos.

En la década de los setenta, teníamos triunfos, esporádicos y de poca importancia, más de clubes que de selección; el combinado tricolor no le ganaba casi a nadie por esa época, y cuando conseguíamos una victoria, por chica que sea, la disfrazábamos de hazaña para autoconsolarnos de nuestros constantes fracasos. Los ochenta fueron más o menos similares, con logros simples maquillados de proeza, cuando en realidad eran muy sencillos; recuerdo uno de ellos, cuando en una Copa América que antes se jugaba por grupos de tres selecciones con cotejos de ida y vuelta, en Quito, jugando frente a Argentina, luego de desperdiciar numerosas ocasiones de gol, empatamos agónicamente a dos y la gente salió a festejar en las calles, como si hubiésemos ganado. Yo nunca entendí el festejo: al final nos eliminaron con más pena que gloria.

El tiempo ha pasado y nos ha permitido disfrutar de esta excelente era del fútbol ecuatoriano que esta vez sí amerita un cauteloso entusiasmo, sin caer en arrogancia, sabiendo que más es lo que queda por andar, que lo andado. Sin duda se ha logrado mucho, cuatro participaciones en mundiales —lo que parecía un sueño— con varios títulos de clubes del continente repartidos entre Liga de Quito e Independiente del Valle, con muchos mundiales en categorías menores, con un mercado de futbolistas de exportación que supera el centenar, por cifras antes insospechadas, con una liga nacional considerada una de las mejores del mundo y la tercera en Sudamérica, con un fútbol femenino en pleno desarrollo y, sobre todo, con un cambio de actitud notable en las nuevas generaciones.

Todos los factores señalados abonan la esperanza de un futuro prometedor para el fútbol ecuatoriano, bien por ello.