Por Ruy Fernando Hidalgo Montaño
Estamos cansados de muchas cosas que retardan el desarrollo de nuestra amada y bella ciudad, cosas que nos duelen en el fondo del alma, a quienes desde muy pequeños nos enseñaron a cultivar la querencia por este terruño en donde vimos la primera luz, y en la que es casi seguro veremos la última. Y es que da mucha pena el estancamiento en el que está la urbe, producto de la falta absoluta de gestión de sus recientes y actuales autoridades que han tomado la fea costumbre de botarle la pelotita al gobierno central, es cierto que el retraso de las asignaciones presupuestarias a los gobiernos autónomos descentralizados del país, es de muchos meses, pero esta situación se da a nivel nacional. Sin embargo, otros GAD incluso más pequeños que el nuestro, nos demuestran todo lo que puede conseguir la autogestión bien encaminada.
Mientras tanto por acá, se la pasan echándole la culpa de todas las cosas malas que suceden, a la anterior administración, y ese es el verdadero cuento del gallo pelón, esta cantaleta se viene repitiendo de alcaldía en alcaldía, aunque las comparaciones son odiosas, no se puede evitar hacerlas, por ejemplo, da alegría saber que varios municipios cantonales de la vecina provincia del Azuay, generan recursos para la obra pública valiéndose de iniciativas innovadoras, no solo sentándose a esperar que llueva del cielo la buena suerte, o que desde Quito se desembolsen los recursos pendientes, o peleándose con la prensa porque esta, se convierte en portavoz del descontento popular, y no les dan gusto a ciertos personajes oscuros que pretenden recibir alabanzas ante su ineficiente gestión.
Se supone que un político responsable, primero debe empaparse de la realidad actualizada de la dignidad a la que se está postulando, teniendo en cuenta que, de ninguna manera, su antecesor le dejará la mesa tendida, por esa absurda mentalidad del político ecuatoriano, que deja todas las trabas posibles a los sucesores, para que fracasen en el cargo, todo eso lo saben los aspirantes a las distintas dignidades de elección popular. Aquí ocurre todo lo contrario, primero asumen el puesto, para luego pasarse los cuatro años denostando a los que antes estuvieron allí, de las calamidades financieras heredadas y una lista interminable de líos que no les permiten realizar una labor eficiente y en esas se van muchos periodos sin ton ni son.
Otra cosa de la que está cansado el pueblo lojano, es de la improvisación e imposición desde el centralismo, de personas foráneas, y lo que es peor, personas que desconocen la realidad en que se encuentran la salud, la educación, por citar algunos de esta provincia, estas personas a su vez, cumpliendo compromisos de índole político o de amistad, ubican a gente con poca idoneidad en oficios de gran responsabilidad, pasando a convertirse en lo que coloquialmente se conoce como pipones, en la ya de por sí obesa burocracia nacional.
Lo último que se pierde es la esperanza, y desde el fondo de esta alma desencantada de lojanidad, aspiramos nuevos y promisorios horizontes, que nos saquen del letargo y hartazgo en el que ahora estamos.
