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Continuamos con el mes dedicado a monseñor Oscar Arnulfo Romero. Hoy les informaremos sobre el cambio en las opciones pastorales de monseñor Romero, luego del asesinato del padre Rutilio Grande.
Iniciamos con algunos datos biográficos: Rutilio Grande García (1928 – 1977), sacerdote jesuita, promotor de la Teología de la Liberación, y amigo de monseñor Oscar Arnulfo Romero. El padre Grande fue párroco de Aguilares, zona en la que ayudó a establecer Comunidades Eclesiales de Base y a ayudar en la organización del campesinado. Murió en 1977, acribillado en una emboscada cuando se dirigía a El Paisnal para dar misa.
Grande nació en El Paisnal, El Salvador, donde en su juventud fue reclutado al sacerdocio por el arzobispo Luis Chávez y González. Estudió en el seminario de San José de la Montaña, en donde comenzó en 1967 su amistad con Romero, otro estudiante del seminario. Mantuvieron esta amistad a través de los años, y en junio de 1970 Grande sirvió como maestro de ceremonias en la instalación de Romero como obispo auxiliar de San Salvador. También pasó un tiempo de estudios en Bilbao.
El 24 de septiembre de 1972, el padre Grande se convirtió en párroco de Aguilares, la misma parroquia en que él había pasado su niñez y juventud. Allí fue uno de los jesuitas responsables de establecer las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) y de entrenar a los líderes, llamados Delegados de la Palabra.
El 12 de marzo de 1977, el padre Grande, acompañado por Manuel Solorzano campesino de 72 años, y Nelson Rutilio Lemus joven de 16 años, viajaban cerca del pueblo de El Paisnal, parroquia de Aguilares para la misa vespertina, cuando los tres fueron emboscados por militares y murieron ametrallados.
Al saber de los asesinatos, monseñor Romero fue al templo donde reposaban los tres cuerpos y celebró la misa. Después, Romero pasó varias horas escuchando a los campesinos locales, conociendo sus historias personales de sufrimiento, y horas también en oración. En la mañana del día siguiente, después de reunirse con los sacerdotes y consejeros, monseñor anunció que no asistiría ya a ninguna ocasión gubernamental ni a ninguna junta con el presidente — siendo ambas actividades tradicionales del puesto — hasta que la muerte se investigara. Ya que nunca se condujo ninguna investigación nacional, resultó que Romero no asistió a ninguna ceremonia de estado, en absoluto, durante sus tres años como arzobispo.
Como decía el Teólogo Jose Comblin, el asesinato del padre Rutilio Grande. Manuel Solórzano Solórzano y Nelson Rutilio Lemos, fue la primera conversión de monseñor Romero, pues marcó un antes y un después en la opción pastoral del arzobispo de San Salvador.
En una entrevista que monseñor Romero rindiera en el año de 1979, al periodista brasileño, Juan Arias, en la ciudad de puebla, México, Romero le confesó que él se consideraba un convertido. “Me contó que estaba del lado de los ricos, del poder, viviendo en un palacio, hasta que un día le asesinaron a un sacerdote que él consideraba un santo, Rutilio Grande.”
La muerte de Rutilio Grande fue la gota que derramó el vaso, monseñor Romero comprendió que estaba de la parte equivocada. Dejó el palacio y se entregó a la causa de los perseguidos a la defensa de los derechos humanos.
