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Al menos unas 75.000 personas perdieron la vida en la guerra civil que sufrió El Salvador entre 1979 y 1992. Se estima que un 80% de las víctimas eran civiles asesinados en hechos que han pasado a considerarse como «crímenes de guerra» y fueron investigados en el informe de la Comisión de la Verdad de 1993. En los apartados siguientes se enuncian algunos casos, porque no es posible mencionar a todos por limitación de espacio.
“14 de mayo de 1980: soldados de la Guardia Nacional asesinan a 300 campesinos en las orillas del Río Sumpul en Chalatenango; 10-11 de diciembre de 1981: el batallón Atlácatl de la Fuerza Armada de El Salvador masacró a 1000 campesinos en los cantones El Mozote, Los Toriles y La Joya del departamento de Morazán; Masacre en «El Alto», Chalatenango: 57 Civiles. (2 de febrero de 1982); Masacre. Cantón «El Calabozo», San Vicente: 200 hombres, mujeres y niños. (22 de agosto de 1982); Bombardeo. Cerros de San Pedro, San Vicente: 300 Civiles muertos. (24 de agosto de 1982); Cantón «Las Hojas», Sonsonate: 74 indígenas. (22 de febrero de 1983); Tenancingo, Cuzcatlán: 150 Civiles muertos. (1 de marzo de 1983); Masacre. San Francisco Etxeberría, Tejutepeque, Cabañas: Más de 200 Muertos, en su mayoría mujeres y niños (18 de julio de 1984); 27 de noviembre de 1980: los dirigentes del Frente Democrático Revolucionario: Enrique Álvarez Córdova, Juan Chacón, Manuel Franco Humberto Mendoza, y Enrique Barrera fueron secuestrados en San Salvador y asesinados por un escuadrón de la muerte denominado Brigada Anticomunista Maximiliano Hernández Martínez; 24 de septiembre de 1982: el socorrista voluntario de Cruz Verde Salvadoreña Manuel de Jesús Jovel Mejía y su esposa Juana Merino Rivas son torturados y asesinados por un escuadrón de la muerte en la ciudad de Cuscatancingo en San Salvador; 26 de octubre de 1987: un escuadrón de la muerte asesina a Herbert Anaya Sanabria, en la Colonia Zacamil de San Salvador; 12 de marzo de 1977: el sacerdote jesuita Rutilio Grande, párroco de Aguilares, es asesinado en la carretera a El Paisnal junto con dos campesinos: el sacerdote Alfonso Navarro Oviedo, párroco de la Colonia Miramonte de San Salvador es asesinado en su iglesia parroquial, junto a un muchacho que colaboraba como sacristán. La organización ultraderechista Unión Guerrera Blanca, se atribuyó la autoría del crimen; 28 de noviembre de 1978: el sacerdote Ernesto Barrera Motto, que realizaba labores de pastoral obrera en Ciudad Delgado fue asesinado en San Salvador por la Guardia Nacional; 20 de enero de 1979: el sacerdote Octavio Ortiz fue asesinado en una casa de retiros en San Antonio Abad, San Salvador por la Guardia Nacional junto a 4 jóvenes, aspirantes al sacerdocio; 20 de junio de 1979: el sacerdote Rafael Palacios fue asesinado en Santa Tecla, luego de haber recibido amenazas de muerte del grupo ultraderechista Unión Guerrera Blanca; 4 de agosto de 1979: el sacerdote Alirio Napoléon Macías fue asesinado en la sacristía del templo parroquial de San Esteban Catarina, departamento de San Vicente. El hecho fue atribuido a un escuadrón de la muerte; 24 de marzo de 1980: el arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, fue asesinado mientras celebraba misa en la capilla del Hospital «Divina Providencia». El hecho fue investigado por la Comisión de la Verdad que señaló como autores intelectuales del crimen a los exmilitares Roberto d’Aubuisson y Álvaro Saravia; 2 de diciembre de 1980: las religiosas estadounidenses Ita Ford, Maura Clarke, Dorothy Kazel y Jean Donovan, son violadas y asesinadas por soldados de la Guardia Nacional; 14 de marzo de 1983: Marianella García Villas: fue asesinada durante su último viaje a Suchitoto; 5 de abril de 1989: María Cristina Gómez fue secuestrada el 5 de abril de 1989 y asesinada una hora después; 16 de noviembre de 1989: los sacerdotes jesuitas españoles, Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López y Juan Ramón Moreno junto con el jesuita salvadoreño Joaquín López y López y la empleada doméstica y su hija, Elba y Celina Ramos que trabajaban con ellos (ambas salvadoreñas), son masacrados por un escuadrón del Batallón Atlácatl de la Fuerza Armada de El Salvador dentro del campus de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.
